VICARIA DE ESPIRITUALIDAD Y CULTURA

TALLER PARA PENTECOSTÉS 1

2019

Ponerse en salida misionera compasiva.
El Pentecostés de nuestro tiempo:
La Iglesia Samaritana y Misionera para la Ciudad

de la Misericordia

Taller para Pentecostés 1

El Pentecostés de nuestro tiempo: la Iglesia Samaritana y Misionera para la

Ciudad de la Misericordia

Presentación
Hemos llegado a un tiempo nuevo para el caminar eclesial de nuestra
diócesis. Al cumplir quince años de vida como Iglesia diocesana, nos
encaminamos hacia el inicio de una nueva etapa histórica. Esta novedad
viene del Espíritu, su frescura es palpable, se siente el viaje de su viento por
nuestras vidas. Son vientos de renovación eclesial. Es el tiempo de la Iglesia
Samaritana. En el lenguaje de nuestro Plan Pastoral Samaritano, equivale a
realizar esfuerzos por encarnar la Misericordia, haciéndola vida palpable,
asumiendo el desafío de la conversión pastoral, en un ambiente de
renovación y transformación necesarias.
Es el momento de convertir en acciones la Iglesia en Salida1

. De acuerdo con
nuestra identidad, es una salida samaritana. Nuestro referente espiritual, la
Parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37), así nos lo propone. En la
riqueza de su dinámica misericordiosa, el relato nos saca de nuestro entorno
cerrado e inamovible. Lo hace con la sencillez de un giro narrativo, que es a
su vez, un cambio de actitud y de postura, una conversión interna, con
efectos externos inmediatos. La pregunta del legista: ¿Y quién es mi
prójimo?, hecha desde el entorno quieto, sin movimiento hacia los otros,
termina transformada por Jesús, después del relato detallado de la acción
misericordiosa, en un punto de vista opuesto: ¿Quién de los tres te parece
que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Es decir, ¿hacia
quién debo ir yo para vivir la Misericordia? El relato implanta una nueva
actitud que es de movimiento, de salida hacia el que sufre. Vemos entonces,
que la Misericordia, vivida por Jesús, nos descentra, nos saca de nosotros
mismos, nos pone en salida compasiva.
En consecuencia, una Iglesia en salida es una Iglesia misionera. Y la Iglesia
misionera está siempre tomada por el Espíritu. Vivirá en Pentecostés
permanente, su mirada y alcance pastoral no encontrarán barreras,
1 Evangelii Gaudium No. 20

traspasará todas las fronteras y se hará próxima a todos, con predilección a
los que sufren. Por ser misericordiosa, abrazará todas las periferias
humanas
2
, irá a lo más hondo de la condición humana y de la vida misma,
será la buena noticia de la instauración de un tiempo nuevo que anhelamos
nos reavivará en esperanza.
Pero antes de ponerse en salida, la Iglesia Samaritana ha de reconocer
primero, que el principal Misionero es el Espíritu Santo.
Con el presente Taller de Espiritualidad para Pentecostés, buscamos
referenciar la importancia de la misión en nuestra Iglesia, de cara al
compromiso de hacer mucho más concreta la Compasión-Misericordia, a
través de un nuevo período pastoral pensado para los próximos años. Es una
esperanzada búsqueda que hacemos todos, en caminada comunitaria, de
nuevas praxis pastorales que nos permitan encarnar la Misericordia,
descubriendo su humanidad y llevándola a cabo.
Para esto, es necesario profundizar la Dimensión Misionera del Espíritu
Santo presente en el acontecimiento de Pentecostés y narrada a través de
todo el libro de los Hechos de los Apóstoles. Acudiremos tan solo a dos de sus
lugares: Hch 1,1-11 y Lc 24. Retomemos la estrategia misionera de la
Comunidad Cristiana de los orígenes que se dejó impulsar por el Espíritu y
hagámosla nuestra, permitamos que nos inspire hoy nuestra Iglesia
Samaritana en Salida.

Orientaciones para la realización del Taller

1. Téngase en cuenta que el taller tiene el cometido asumido por la
Vicaría de Espiritualidad, cual es el de profundizar la Espiritualidad
Samaritana que nos es propia, tal como ha ocurrido con los anteriores

talleres. Esta profundización tiene las vertientes bíblica-teológica-
pastoral y cultural-contextual. A su vez, asume el enfoque eclesiológico

samaritano. Desde esta única mira, aportamos a la construcción de la
Nueva Época del Plan Pastoral Samaritano.
2. Por lo anterior, el taller busca seguir creando articulaciones entre los
cuatro entes pastorales que cohesionan todo el Plan Samaritano:

2 Ver Taller de Espiritualidad “La Eucaristía en las periferias humanas”. Junio-Julio de 2018.

Vicaria de Espiritualidad, Pastoral Vocacional, Escuela del Discipulado
Samaritano y Vicaría de Pastoral.
3. Al realizar el taller con los Consejos de Pastoral de las parroquias a
nivel arciprestal y luego realizado por éstos con los demás agentes de
pastoral, estamos incluyendo a todas las fuerzas de pastoral vivas de la
diócesis. Por eso, el taller va dirigido a todo el laicado, a la vida
consagrada y a los ministros ordenados.
4. Antes de asimilar el contenido y el desarrollo del taller, es muy
importante hacer una lectura detenida de Lucas 24 y Hch 1,1-11 y si se
prefiere, todo el capítulo 1.
5. El taller se puede hacer antes de la Solemnidad de Pentecostés o días
después de la Solemnidad. Esta elección está supeditada al juicio de los
presbíteros y de sus agentes de pastoral. En cualquier caso, sí debe
contribuir al enriquecimiento de la Sistematización Pastoral que viene
adelantando la diócesis, como reflexión teológica-pastoral y
clarificación de los derroteros pastorales a seguir.
6. Téngase en cuenta que este taller Pentecostés 1, tiene un segundo
taller complementario, que se enfocará en la vida misionera de la
Comunidad después de Pentecostés, será entonces taller de
Pentecostés 2, que podrá ser realizado a la altura de agosto y/o
septiembre. Así asumiremos la visión antes, en y después de
Pentecostés, con el ánimo de acompañar la fundamentación y el envío
misioneros a los que nos aprestamos.
7. Búsquese un lugar adecuado para la realización del taller, pues es
importante recordar que éste tiene dos momentos centrales: la
oración personal y la interpretación de los relatos lucanos. Ambos
momentos cuentan con la predicación diligente del o los animadores
del encuentro. Los apartes puestos en cursiva enfatizan los elementos
de fundamentación para quien predique. El taller en su totalidad, se
puede realizar en un tiempo no menor a 3 horas. Si se calculan 4 horas,
se puede llegar a obtener una mayor riqueza.

REALIZACIÓN DEL TALLER.

1. Reunidos por la fuerza de la Resurrección

a. Canto de inicio: Escoger entre los cantos: “Resucitó” o “Hoy el Señor
resucitó”. Cfr. Anexo.
b. Leer comunitariamente: Todo el capítulo 24 del Evangelio de Lucas y
Hechos 1, 1-11.
c. El predicador o predicadores del encuentro entregan el siguiente
contenido formativo y orante, que preparará el momento personal:
Nuestra Iglesia sólo será Samaritana y Misionera si nos abrimos
confiadamente a la acción del Espíritu Santo. La experiencia de Jesús
resucitado que vive el primer grupo de discípulos y discípulas, que se
constituyen en comunidad de testimonio y misión, nos anima en este
propósito. El impulso que el Espíritu da a la primera Comunidad y a las
comunidades subsiguientes, es una clara ruta misionera. Esa experiencia
tiene varios momentos cruciales, que vale la pena retomarlos hoy, en actitud
orante, con la claridad y la fortaleza que nos da el ir a la fuente primera de
nuestra fe e identidad con Jesús resucitado, para ser en este tiempo sus
testigos.
Los cuarenta días de presencia de Jesús entre los suyos: No se trata de hacer
una exégesis minuciosa sobre el significado de los cuarenta días, durante los
cuales Jesús compartió con sus discípulos. Nos quedamos más con el sentido
simbólico de este número y tratamos de desentrañar de ella la riqueza que el
relato nos quiere entregar. Fijémonos en algunos de los momentos
significativos de este encuentro:
 En este texto del Libro de los Hechos, la Resurrección de Jesús es el
comienzo de la misión. Jesús está vivo corporalmente y habla del Reino
de Dios, actúa en medio de los que se reúnen. Este tiempo es una
primera etapa ocurrida antes de la Ascensión. Con el simbolismo de los
cuarenta días vienen a la memoria situaciones determinantes: antes de
su ministerio, Jesús es conducido al desierto por el Espíritu y es tentado
por el diablo durante cuarenta días (Lc 4,1-2); los apóstoles, antes de
entregar su testimonio, tienen también este mismo tiempo con Jesús en
medio de ellos; los cuarenta años que el Pueblo de Israel anduvo por el

desierto antes de entrar a la tierra prometida. También fueron
cuarenta días los de Moisés en la montaña (Ex 24,18; 34,28); cuarenta
días los del anciano Elías peregrinando el monte de Dios (IRe,19,8). Es,
entonces un tiempo de discernimiento, crisis, tentación, confusión y
anhelo de comprensión de lo que pasa. Lucas quiere dejar ver que la
Comunidad también vivió este tiempo de confrontación antes de
empezar la misión. Sin duda que hubo una crisis fuerte. Prueba de ello,
es la presencia en el mismo grupo, de los discípulos de Emaús que
dialogaron con Jesús y después de su confusión y desconsuelo,
entendieron las Escrituras (Lc 24,13-24). Quedó para la posteridad
este paradigma como una memoria de la Iglesia, en el momento
fundante antes de la misión.
 Otro aspecto a resaltar de este tiempo de cuarenta días, es la
comensalidad, Jesús come con ellos, su corporeidad retoma la práctica
de siempre: en la mesa se recuperan muchas vidas, en la mesa queda
para siempre asumida la entrega de la Vida. Será el signo de la
Comunidad Cristiana. En el Evangelio también ocurre lo mismo (Lc
24,41-43). En torno a la mesa la Comunidad vive la experiencia de Jesús
Resucitado en la “fracción del pan” (Lc 24,28-32).
 Finalmente, hay un tiempo de espera. Del mismo modo que los
momentos anteriores, se da tanto en el Evangelio como en los Hechos
lucanos. Es una espera necesaria, una expectación ante un tiempo
nuevo que viene, un tiempo misionero. No hay que ausentarse de la
ciudad, hay que permanecer en ella, hay que mantener una quietud
activa. Vendrá el bautismo en el Espíritu (Hch 1,5), “serán revestidos
del poder de lo alto” (Lc 24,49). La memoria de la Comunidad se aclara,
aguarda el bautismo del Espíritu, o la inauguración del tiempo del
Espíritu, que será el protagonista de todo este Movimiento
Misionero.
La intención de esta mirada a Hechos 1,1-11 en estos tres aspectos, los más
relacionados con el ardor misionero, es que nos ayudemos a orar, pensar,
actualizar en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia diocesana, este
acontecimiento fundacional de la Iglesia, que nos renueva hoy y siempre, en

la medida en que lo interpretemos abiertos a la acción del Espíritu Santo en
cada uno y en la comunidad.

2. Ejercicio Orante

Después de la prédica hecha con base en los puntos anteriores, se procede a
facilitar un tiempo de oración personal de todo el grupo. Se trata de retirarse
un mínimo de treinta minutos, si se puede cuarenta minutos sería mejor.
Bajo el lema “Mis cuarenta días con Jesús Resucitado”, cada uno nos
sumimos en los tres aspectos resaltados en la motivación anterior, sin dejar
de lado la pequeña introducción hecha sobre el giro que da Jesús a la
pregunta del legista de la parábola del Buen Samaritano, que hace parte de la
idea motor de todo el encuentro: ponerse en salida misionera compasiva.
Cada uno pensamos en el valor simbólico de estos cuarenta días, que son un
tiempo de experiencia de Dios, un tiempo de vivencia experiencial con Jesús
Resucitado, pensando nuestra vida en relación con él, con lo que nos propone
en su Evangelio para que lo sigamos discipularmente, un tiempo para
entender y esperar la fuerza de su Espíritu sobre cada uno, nuestras familias,
nuestra Iglesia, nuestro entorno. Estos son aspectos personales a resaltar. A
juicio de quienes guían el taller, se pueden agregar otros elementos que
ayuden a esta profundización personal, tales como las dudas que nos asisten,
el desconsuelo que podemos llegar a tener, parecido al de los discípulos de
Emaús por el tiempo que vivimos ahora, etc.
Otra insistencia importante para este rato de oración personal, es no dejar de
lado a quienes han compartido con nosotros la vida, no sólo personal, sino
eclesial, pues todos los que hacemos el taller somos activos eclesialmente.
Los cuarenta días también pueden ser: los quince años de vida activa pastoral
de la diócesis y la historia comunitaria que hemos construido juntos; las
pascuas que hemos vivido en otros años o la presente; la manera intensa con
que preparamos Pentecostés a nivel de la parroquia, o del arciprestazgo.
Incluso, hasta momentos de la Iglesia Universal con sus problemáticas
humanas, espirituales y pastorales.

3. Ejercicio dialogal

El grupo queda motivado con el ejercicio orante personal y se dispone a
interpretar comunitariamente los demás elementos del relato Hch 1,1-11. En
este aparte, profundizamos nuestra sintonía con la espiritualidad misionera,
que en estado de expectación movió a la Comunidad de los orígenes a recibir
el Espíritu Santo. Interpretamos este acontecimiento desde nuestra
perspectiva samaritana, como Iglesia Samaritana que va hoy a esa fuente, se
nutre en ella y aviva su esperanza.
a. Canto de ambientación: Escoger entre los cantos: “Alma misionera” o
“Iglesia peregrina”. Cfr. Anexo.
b. Identificar quiénes están en el grupo: Es muy importante resaltar la
presencia de cada persona, con su nombre propio y su ministerio o
servicio eclesial. Esto no sólo resalta el sentido de pertenencia, sino el
sentido misionero del compromiso comunitario. Todos los que estamos
allí hemos servido en algo, por eso todos somos expectantes, todos
somos “teófilos” y “teófilas”, “amigos” y “amigas” de Dios. A todos nos
es dirigido este mensaje. Resaltemos que para nosotros hoy, con
nuestro ministerio específico, está escrita la Obra Lucana, tanto el
Evangelio como Los Hechos de los Apóstoles.
c. “Estando ya reunidos le preguntaban…” Encuentro entre nuestra
Comunidad de hoy y aquella Comunidad: (V. 6-8). El grupo se
concentra en quienes formaron parte de esa Primera Comunidad,
dialoga sobre lo que representa cada uno de ellos y de ellas, en qué nos
inspiran para nuestra misión hoy. La enumeración de los integrantes de
esa Comunidad, se obtiene de la lectura cuidadosa tanto de Lucas 24,1-
53 y Hch 1,1-11, en virtud de que al principio ambos libros fueron una
sola Obra; sólo cuando se separaron, Hch 1,1-5 se convirtió en el
prólogo del Libro de los Hechos, o el resumen del Evangelio y abre el
pórtico del segundo libro. Veamos quiénes eran estas personas:
1. “María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que
estaban con ellas” (Lc 24,10. Lucas retoma el tema de las discípulas de
Jesús, que lo acompañan desde Galilea: Lc 8,23 y 23,49.55).
2. Los dos discípulos que parten del grupo camino a Emaús (Lc 24,13) y
que retornan al grupo (Lc 24,33).

3. Más adelante, (Hch 1,14), al nombrar a los 11 apóstoles, el texto dice
que estaban “algunas mujeres, María la madre de Jesús y sus
hermanos”.
4. Todos son llamados “Galileos”, (Hch 1,11).
A este grupo es al que las mujeres anuncian que el sepulcro está vacío, son
quienes encuentran a Jesús y él les abre sus inteligencias para que entiendan
las Escrituras, es a ellos y ellas a quienes les dice: “Ustedes recibirán la fuerza
del Espíritu Santo y serán mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta
el confín del mundo” (Hch 1,8).
Ante ellos mismos Jesús es levantado al cielo y a quienes los dos hombres
vestidos de blanco anuncian el retorno de Jesús (Hch 1,9-11).
Es el mismo grupo que con Pedro a la cabeza, reunidos en asamblea, eligen a
Matías, como sucesor de Judas Iscariote. Es el Cuerpo Apostólico.
Es el mismo grupo que está reunido en una casa el día de Pentecostés, recibe
el Espíritu Santo y habla en otras lenguas (Hch 2,1-13).
Y es este grupo el que interroga a Jesús acerca de si ¿es ahora que va a
restablecer el reino de Israel? (Hch 1,6). Los discípulos de Emaús habían
expresado algo semejante: “Nosotros esperábamos que sería él quien iba a
liberar a Israel” (Lc 24,21). Un poco extraña esta preocupación de la
Comunidad, cuando la predicación de Jesús de Nazaret expresó
enfáticamente de palabra y de praxis que la irrupción del Reino de Dios se
identificó totalmente con el pueblo caminante, con predilección con el grito
de humanidad de los pobres y sufrientes (Lc 4,16-21; 7,18-23). Jesús se
distanció significativamente del proyecto teocrático y político que identificaba
el Reino de Dios con el reino de Israel.
La respuesta de Jesús a este interrogante es muy clara y referencia hoy
nuestra comprensión y praxis de misericordia:
 La liberación viene de Dios Padre, de su Proyecto del Reino o la Buena
Noticia que Jesús anunció y vivió en medio de los suyos. Sólo el Padre
sabe el “aquí y el ahora”, es su competencia.

 No es Jesús el sujeto de la nueva estrategia de liberación, es el Espíritu
Santo. Esto ha sido de lenta comprensión para la Iglesia de todos los
tiempos.
 No se trata de “restauraciones”, sino de colmarse con la fuerza del
testimonio, “mover montañas” aquí, en “Jerusalén, Samaría y hasta el
confín de la tierra”.
Entonces, el Proyecto de Jesús ha sido transformado ahora, por su muerte y
resurrección, en un Proyecto del Espíritu Santo, que actúa en sus testigos
misioneros en todo el mundo. Empezó en “Jerusalén” y se dirige a “todas las
naciones” (Lc 24,48).
La culminación del Proyecto del Jesús histórico, cuya comprensión está
plasmada en Lucas 24, es ahora el comienzo de un Proyecto del Espíritu y de
los testigos misioneros de Jesús, con dimensión universal (Hch 1,8). Ahora,
para nosotros, se da en la Ciudad de la Misericordia y es un derrotero a
seguir para la Nueva Época que deseamos fundar en la ruta del Plan
Pastoral Samaritano. Nos ponemos en esa dirección resignificando nuestra
Identidad Samaritana. Para ello, asumimos la Novedad del Espíritu y la
audacia pastoral que nos reclama.

d. Reflexión pastoral del grupo dialogante: Este momento es crucial para
el presente Taller de Espiritualidad. Es el esfuerzo por identificar juntas,
la Espiritualidad y la Pastoral. Nuestro referente es esta Comunidad
naciente originaria, paradigmática y audaz. Entrar en su dinámica
misionera, requiere de un esfuerzo de interpretación que consiste en
releernos hoy nosotros, en la propia audacia misionera de aquellos.
Nos es indispensable comprender que esa Comunidad fue capaz de
ponerse delante del viento del Espíritu, cuyo fuego les invadió y otorgó
la capacidad de entrar en su aventura. Aventura que hoy nos sostiene y
nos sostendrá siempre, pues el Espíritu es la Novedad de Dios que nos
renueva y alimenta vitalmente.
Hemos aceptado la propuesta de Jesús de hacernos “buenos samaritanos”,
mujeres y hombres tomados por el Espíritu. Por tanto, nuestra identidad
eclesial y su proyección social no admite dudas, lo que nos mueve a no

quedarnos como en algún momento lo vivieron estos primeros protagonistas:
“¿Qué hacen ahí mirando al cielo, galileos?…” (Hch 1,11).
Aprendamos del arrojo de estos primeros misioneros y vayamos a lo
fundamental de nuestra opción samaritana: asumir nuestra condición
humana, como lo hizo y nos lo enseñó con su vida Jesús de Nazaret. Es decir,
jugárnosla como él, por nuestra propia humanidad. Jesús, en profunda
comunión con el Padre, creyó en nosotros, se la jugó por ello. ¿Por qué no
hacer nosotros lo mismo? Aquí está el principio del Perdón, la
Reconciliación y la Paz para Colombia, que nos está siendo tan esquiva.
Hecha la anterior motivación, se invita al grupo a intercambiar opiniones y a
sacar conclusiones útiles, con base en los siguientes tópicos: este diálogo, si
se motiva suficientemente, ojalá tocando la fascinación de los participantes,
puede durar un mínimo de una hora, incluso dos horas.
 Nosotros somos los “Teófilos” y “Teófilas” a los cuales Lucas habla
hoy: Si escuchamos a Lucas hoy, estamos escuchando al Espíritu Santo
que habla a través de él. ¿Tendríamos las condiciones de “conversión
pastoral”, que tuvo esa Primera Comunidad, para abrirnos a la
Novedad del Espíritu en la nueva época que se avecina?
 La Iglesia vive hoy sus “cuarenta días” con Jesús Resucitado: Releer el
texto Hch 1,1-5 y preguntarse si ¿Cómo Iglesia que construye la Ciudad
de la Misericordia, vivimos este paradigma fundante y qué hechos de
vida nos permitirían afirmar que sí lo vivimos? De pronto nos podemos
dar cuenta que no lo vivimos, ¿entonces qué hacemos?
 La Iglesia se deja mover por el Espíritu a ir a lo esencial: Lo esencial es
el Reino y su Buena Nueva de Vida Abundante y Digna para todos.
¿Cómo Iglesia Samaritana vamos a lo vital del Reino anunciado por
Jesús?, ¿o damos muchas vueltas, distrayéndonos en cosas que no son
fundamentales? Una Iglesia Samaritana, parecida a Jesús, limpiaría la
sangre de las heridas y abogaría porque no se derrame más sangre de
los hermanos, ¿cómo hacer esto en Colombia, perdiendo miedos y
timideces?

5. Conclusión del Taller.

Se hacen visibles las conclusiones del grupo y se relacionan con la frase o
lema elegido por los presbíteros del arciprestazgo, como proyecto con el
cual se quiere vincular a las parroquias del respectivo arciprestazgo, a la
realización de la Nueva Etapa del Plan Pastoral Samaritano para los
próximos años. Se puede aplicar la pregunta: ¿Estas Conclusiones, cómo
se comprometerían con este lema arciprestal?
Canto final: “Iglesia soy”. Cfr. Anexo.

Taller para Pentecostés 1- 2019

El Pentecostés de nuestro tiempo: la Iglesia Samaritana y Misionera para la

Ciudad de la Misericordia

ANEXO

Lucas 24.
1 El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con
los perfumes que habían preparado.
2 Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro
3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos
hombres con vestiduras deslumbrantes.
5 Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del
suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está
vivo?
6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún
estaba en Galilea:
7 «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los
pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».
8 Y las mujeres recordaron sus palabras.

9 Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los
demás.
10 Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás
mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,
11 pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.
12 Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse,
no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por qué
había sucedido.
13 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado
Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
14 En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
15 Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió
caminando con ellos.
16 Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
17 Él les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el
semblante triste,
18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero
en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».
19 «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el
Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de
Dios y de todo el pueblo,
20 y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser
condenado a muerte y lo crucificaron.
21 Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto
ya van tres días que sucedieron estas cosas.
22 Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han
desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
23 y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había
aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.

24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las
mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
25 Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, ¡cómo les cuesta creer
todo lo que anunciaron los profetas!
26 ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar
en su gloria?»
27 Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se
refería a él.
28 Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de
seguir adelante.
29 Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el
día se acaba». El entró y se quedó con ellos.
30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió
y se lo dio.
31 Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él
había desaparecido de su vista.
32 Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el
camino y nos explicaba las Escrituras?».
33 En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.
Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
34 y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a
Simón!».
35 Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo
lo habían reconocido al partir el pan.
36 Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de
ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes».
37 Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,
38 pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas
dudas?

39 Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu
no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo».
40 Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.
41 Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer.
Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?».
42 Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;
43 él lo tomó y lo comió delante de todos.
44 Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es
necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés,
en los Profetas y en los Salmos».
45 Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las
Escrituras,
46 y añadió: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los
muertos al tercer día,
47 y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las
naciones la conversión para el perdón de los pecados.
48 Ustedes son testigos de todo esto.
49 Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la
ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto».
50 Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus
manos, los bendijo.
51 Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
52 Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén
con gran alegría,
53 y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.
Hechos 1, 1-11.
1 En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó
Jesús, desde el comienzo,

2 hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del
Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas
pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del
Reino de Dios.
4 En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no
se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les
dijo, que yo les he anunciado.
5 Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu
Santo, dentro de pocos días».
6 Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a
restaurar el reino de Israel?».
7 Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el
momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.
8 Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y
serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines
de la tierra».
9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista
de ellos.
10 Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía,
se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,
11 que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo?
Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma
manera que lo han visto partir».

CANTOS

INICIO
RESUCITÓ.
Resucitó, resucitó,
resucitó, ¡Aleluya!

Aleluya, aleluya,
aleluya, ¡Resucitó!

La muerte,

dónde está la
muerte,
dónde está mi
muerte,
dónde su victoria.
Resucitó, resucitó,
resucitó, ¡Aleluya!
Gracias,
sean dadas al Padre,
que nos pasó a Su
Reino,

donde se vive de
Amor.
Resucitó, resucitó,
resucitó, ¡Aleluya!
Alegría,
alegría, hermanos,
que si hoy nos
queremos,
es que Resucitó.
Resucitó, resucitó,
resucitó, ¡Aleluya!

Si con Él morimos,
con Él vivimos,
con Él cantamos:
¡Aleluya!
Aleluya, aleluya,
aleluya, ¡Resucitó!
Resucitó, resucitó,
resucitó, ¡Aleluya!

HOY EL SEÑOR RESUCITÓ.
Hoy el Señor
resucitó,
y de la muerte nos
libró.
Alegría y paz,
hermanos,
que el Señor
resucitó.
Porque esperó, Dios
le libró,
y de la muerte lo
sacó.
Alegría y paz,
hermanos,

que el Señor
resucitó.
El pueblo en Él, vida
encontró,
la esclavitud ya
terminó.
Alegría y paz,
hermanos,
que el Señor
resucitó.
La luz de Dios, en Él
brilló,
de nueva vida nos
llenó.

Alegría y paz,
hermanos,
que el Señor
resucitó.
Con gozo alzad, el
rostro a Dios,
que de Él nos llega
salvación.
Alegría y paz,
hermanos,
que el Señor
resucitó.
Todos cantad:
Aleluya,

todos gritad: Aleluya. Alegría y paz,
hermanos,

que el Señor
resucitó.

AMBIENTACIÓN.
ALMA MISIONERA.
Señor, toma mi vida
nueva
antes de que la
espera
desgaste años en mí
Estoy dispuesto a lo
que quieras
no importa lo que
sea;
tú llámame a servir.

/Llévame donde los
hombres
necesiten tus
palabras

necesiten mi ganas
de vivir
donde falte la
esperanza
donde falte la alegría
simplemente por no
saber de ti./

Te doy mi corazón
sincero
para gritar, sin
miedo,
tu grandeza Señor,
tendré mis manos sin
cansancio

tu historia entre mis
labios
y fuerza en la
oración.
Y así, en marcha iré
cantando
por calles predicando
lo bello que es tu
amor
Señor tengo alma
misionera
condúceme a la
tierra que
tenga sed de Dios.

IGLESIA PEREGRINA:
Todos unidos formando un solo cuerpo, un pueblo que en la Pascua nació.
Miembros de Cristo en sangre redimidos. Iglesia peregrina de Dios.
Vive en nosotros la fuerza del espíritu, que el hijo desde el Padre envió.
Él nos empuja, nos guía y alimenta. Iglesia peregrina de Dios.

Rugen tormentas y a veces nuestra barca, parece que ha perdido el timón.
Miras con miedo, no tienes confianza. Iglesia peregrina de Dios.
Una esperanza nos llena de alegría, presencia que el Señor prometió.
Vamos cantando, Él viene con nosotros. Iglesia peregrina de Dios.
Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor.
//Paz para las guerras y luz entre las sombras. Iglesia peregrina de Dios. //
Todos nacidos en un solo Bautismo, unidos en la misma comunión.
Todos viviendo en una misma casa. Iglesia peregrina de Dios.
Todos prendidos en una misma suerte, ligados a la misma salvación.
Somos un cuerpo y Cristo la cabeza. Iglesia peregrina de Dios.
Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor.
//Paz para las guerras y luz entre las sombras. Iglesia peregrina de Dios. //
CANTO FINAL.
IGLESIA SOY.
Iglesia soy, y tú
también.
En el Bautismo
renacimos
a una vida singular
y al confirmar hoy
nuestra fe,
la proclamamos
compartiendo el
mismo pan.
No vayas triste en
soledad

ven con nosotros y
verás
a los hermanos
caminando en el
amor.
Ven con nosotros y
serás
en la familia un hijo
más,
iremos juntos
caminando en el
amor.

La Iglesia es tan
maternal
que me ha
engendrado,
me alimenta y
acompaña sin cesar.
La Iglesia es tan
maternal
que nunca duda en
abrazarme y
perdonar.

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