VICARIA DE ESPIRITUALIDAD Y CULTURA

TALLER PARA PENTECOSTÉS 1

2019

El Pentecostés de nuestro tiempo:

La Iglesia Samaritana y Misionera para la Ciudad de la Misericordia

 Ponerse en salida misionera compasiva.

Taller para Pentecostés 1

El Pentecostés de nuestro tiempo: la Iglesia Samaritana y Misionera para la

Ciudad de la Misericordia

Presentación
Hemos llegado a un tiempo nuevo para el caminar eclesial de nuestra diócesis. Al cumplir quince años de vida como Iglesia diocesana, nos encaminamos hacia el inicio de una nueva etapa histórica. Esta novedad viene del Espíritu, su frescura es palpable, se siente el viaje de su viento por nuestras vidas. Son vientos de renovación eclesial. Es el tiempo de la Iglesia Samaritana. En el lenguaje de nuestro Plan Pastoral Samaritano, equivale a realizar esfuerzos por encarnar la Misericordia, haciéndola vida palpable, asumiendo el desafío de la conversión pastoral, en un ambiente de renovación y transformación necesarias.

Es el momento de convertir en acciones la Iglesia en Salida1. De acuerdo con nuestra identidad, es una salida samaritana. Nuestro referente espiritual, la Parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37), así nos lo propone. En la riqueza de su dinámica misericordiosa, el relato nos saca de nuestro entorno cerrado e inamovible. Lo hace con la sencillez de un giro narrativo, que es a su vez, un cambio de actitud y de postura, una conversión interna, con efectos externos inmediatos. La pregunta del legista: ¿Y quién es mi prójimo?, hecha desde el entorno quieto, sin movimiento hacia los otros, termina transformada por Jesús, después del relato detallado de la acción misericordiosa, en un punto de vista opuesto: ¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Es decir, ¿hacia quién debo ir yo para vivir la Misericordia? El relato implanta una nueva actitud que es de movimiento, de salida hacia el que sufre. Vemos entonces, que la Misericordia, vivida por Jesús, nos descentra, nos saca de nosotros mismos, nos pone en salida compasiva.

En consecuencia, una Iglesia en salida es una Iglesia misionera. Y la Iglesia misionera está siempre tomada por el Espíritu. Vivirá en Pentecostés permanente, su mirada y alcance pastoral no encontrarán barreras,

1 Evangelii Gaudium No. 20

traspasará todas las fronteras y se hará próxima a todos, con predilección a los que sufren. Por ser misericordiosa, abrazará todas las periferias humanas2, irá a lo más hondo de la condición humana y de la vida misma, será la buena noticia de la instauración de un tiempo nuevo que anhelamos nos reavivará en esperanza.

Pero antes de ponerse en salida, la Iglesia Samaritana ha de reconocer primero, que el principal Misionero es el Espíritu Santo.
Con el presente Taller de Espiritualidad para Pentecostés, buscamos referenciar la importancia de la misión en nuestra Iglesia, de cara al compromiso de hacer mucho más concreta la Compasión-Misericordia, a través de un nuevo período pastoral pensado para los próximos años. Es una esperanzada búsqueda que hacemos todos, en caminada comunitaria, de nuevas praxis pastorales que nos permitan encarnar la Misericordia, descubriendo su humanidad y llevándola a cabo.

Para esto, es necesario profundizar la Dimensión Misionera del Espíritu Santo presente en el acontecimiento de Pentecostés y narrada a través de todo el libro de los Hechos de los Apóstoles. Acudiremos tan solo a dos de sus lugares: Hch 1,1-11 y Lc 24. Retomemos la estrategia misionera de la Comunidad Cristiana de los orígenes que se dejó impulsar por el Espíritu y hagámosla nuestra, permitamos que nos inspire hoy nuestra Iglesia Samaritana en Salida.

Orientaciones para la realización del Taller

1. Téngase en cuenta que el taller tiene el cometido asumido por la Vicaría de Espiritualidad, cual es el de profundizar la Espiritualidad Samaritana que nos es propia, tal como ha ocurrido con los anteriores talleres. Esta profundización tiene las vertientes bíblica-teológica- pastoral y cultural-contextual. A su vez, asume el enfoque eclesiológico samaritano. Desde esta única mira, aportamos a la construcción de la Nueva Época del Plan Pastoral Samaritano.

2. Por lo anterior, el taller busca seguir creando articulaciones entre los cuatro entes pastorales que cohesionan todo el Plan Samaritano

2 Ver Taller de Espiritualidad “La Eucaristía en las periferias humanas”. Junio-Julio de 2018.

Vicaria de Espiritualidad, Pastoral Vocacional, Escuela del Discipulado
Samaritano y Vicaría de Pastoral.
3. Al realizar el taller con los Consejos de Pastoral de las parroquias a nivel arciprestal y luego realizado por éstos con los demás agentes de pastoral, estamos incluyendo a todas las fuerzas de pastoral vivas de la diócesis. Por eso, el taller va dirigido a todo el laicado, a la vida consagrada y a los ministros ordenados.
4. Antes de asimilar el contenido y el desarrollo del taller, es muy importante hacer una lectura detenida de Lucas 24 y Hch 1,1-11 y si se prefiere, todo el capítulo 1.
5. El taller se puede hacer antes de la Solemnidad de Pentecostés o días después de la Solemnidad. Esta elección está supeditada al juicio de los presbíteros y de sus agentes de pastoral. En cualquier caso, sí debe contribuir al enriquecimiento de la Sistematización Pastoral que viene adelantando la diócesis, como reflexión teológica-pastoral y clarificación de los derroteros pastorales a seguir.
6. Téngase en cuenta que este taller Pentecostés 1, tiene un segundo taller complementario, que se enfocará en la vida misionera de la Comunidad después de Pentecostés, será entonces taller de Pentecostés 2, que podrá ser realizado a la altura de agosto y/o septiembre. Así asumiremos la visión antes, en y después de Pentecostés, con el ánimo de acompañar la fundamentación y el envío misioneros a los que nos aprestamos.
7. Búsquese un lugar adecuado para la realización del taller, pues es importante recordar que éste tiene dos momentos centrales: la oración personal y la interpretación de los relatos lucanos. Ambos momentos cuentan con la predicación diligente del o los animadores del encuentro. Los apartes puestos en cursiva enfatizan los elementos de fundamentación para quien predique. El taller en su totalidad, se puede realizar en un tiempo no menor a 3 horas. Si se calculan 4 horas, se puede llegar a obtener una mayor riqueza.

REALIZACIÓN DEL TALLER.

1. Reunidos por la fuerza de la Resurrección

a. Canto de inicio: Escoger entre los cantos: “Resucitó” o “Hoy el Señor resucitó”. Cfr. Anexo.
b. Leer comunitariamente: Todo el capítulo 24 del Evangelio de Lucas y Hechos 1, 1-11.
c. El predicador o predicadores del encuentro entregan el siguiente contenido formativo y orante, que preparará el momento personal:

Nuestra Iglesia sólo será Samaritana y Misionera si nos abrimos confiadamente a la acción del Espíritu Santo. La experiencia de Jesús resucitado que vive el primer grupo de discípulos y discípulas, que se constituyen en comunidad de testimonio y misión, nos anima en este propósito. El impulso que el Espíritu da a la primera Comunidad y a las comunidades subsiguientes, es una clara ruta misionera. Esa experiencia tiene varios momentos cruciales, que vale la pena retomarlos hoy, en actitud orante, con la claridad y la fortaleza que nos da el ir a la fuente primera de nuestra fe e identidad con Jesús resucitado, para ser en este tiempo sus testigos.

Los cuarenta días de presencia de Jesús entre los suyos: No se trata de hacer una exégesis minuciosa sobre el significado de los cuarenta días, durante los cuales Jesús compartió con sus discípulos. Nos quedamos más con el sentido simbólico de este número y tratamos de desentrañar de ella la riqueza que el relato nos quiere entregar. Fijémonos en algunos de los momentos significativos de este encuentro:
• En este texto del Libro de los Hechos, la Resurrección de Jesús es el comienzo de la misión. Jesús está vivo corporalmente y habla del Reino de Dios, actúa en medio de los que se reúnen. Este tiempo es una primera etapa ocurrida antes de la Ascensión. Con el simbolismo de los cuarenta días vienen a la memoria situaciones determinantes: antes de su ministerio, Jesús es conducido al desierto por el Espíritu y es tentado por el diablo durante cuarenta días (Lc 4,1-2); los apóstoles, antes de entregar su testimonio, tienen también este mismo tiempo con Jesús en medio de ellos; los cuarenta años que el Pueblo de Israel anduvo por el

desierto antes de entrar a la tierra prometida. También fueron cuarenta días los de Moisés en la montaña (Ex 24,18; 34,28); cuarenta días los del anciano Elías peregrinando el monte de Dios (IRe,19,8). Es, entonces un tiempo de discernimiento, crisis, tentación, confusión y anhelo de comprensión de lo que pasa. Lucas quiere dejar ver que la Comunidad también vivió este tiempo de confrontación antes de empezar la misión. Sin duda que hubo una crisis fuerte. Prueba de ello, es la presencia en el mismo grupo, de los discípulos de Emaús que dialogaron con Jesús y después de su confusión y desconsuelo, entendieron las Escrituras (Lc 24,13-24). Quedó para la posteridad este paradigma como una memoria de la Iglesia, en el momento fundante antes de la misión.
• Otro aspecto a resaltar de este tiempo de cuarenta días, es la comensalidad, Jesús come con ellos, su corporeidad retoma la práctica de siempre: en la mesa se recuperan muchas vidas, en la mesa queda para siempre asumida la entrega de la Vida. Será el signo de la Comunidad Cristiana. En el Evangelio también ocurre lo mismo (Lc 24,41-43). En torno a la mesa la Comunidad vive la experiencia de Jesús Resucitado en la “fracción del pan” (Lc 24,28-32).
• Finalmente, hay un tiempo de espera. Del mismo modo que los momentos anteriores, se da tanto en el Evangelio como en los Hechos lucanos. Es una espera necesaria, una expectación ante un tiempo nuevo que viene, un tiempo misionero. No hay que ausentarse de la ciudad, hay que permanecer en ella, hay que mantener una quietud activa. Vendrá el bautismo en el Espíritu (Hch 1,5), “serán revestidos del poder de lo alto” (Lc 24,49). La memoria de la Comunidad se aclara, aguarda el bautismo del Espíritu, o la inauguración del tiempo del Espíritu, que será el protagonista de todo este Movimiento Misionero.
La intención de esta mirada a Hechos 1,1-11 en estos tres aspectos, los más relacionados con el ardor misionero, es que nos ayudemos a orar, pensar, actualizar en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia diocesana, este acontecimiento fundacional de la Iglesia, que nos renueva hoy y siempre, en

la medida en que lo interpretemos abiertos a la acción del Espíritu Santo en cada uno y en la comunidad.

2. Ejercicio Orante

Después de la prédica hecha con base en los puntos anteriores, se procede a facilitar un tiempo de oración personal de todo el grupo. Se trata de retirarse un mínimo de treinta minutos, si se puede cuarenta minutos sería mejor. Bajo el lema “Mis cuarenta días con Jesús Resucitado”, cada uno nos sumimos en los tres aspectos resaltados en la motivación anterior, sin dejar de lado la pequeña introducción hecha sobre el giro que da Jesús a la pregunta del legista de la parábola del Buen Samaritano, que hace parte de la idea motor de todo el encuentro: ponerse en salida misionera compasiva.
Cada uno pensamos en el valor simbólico de estos cuarenta días, que son un tiempo de experiencia de Dios, un tiempo de vivencia experiencial con Jesús Resucitado, pensando nuestra vida en relación con él, con lo que nos propone en su Evangelio para que lo sigamos discipularmente, un tiempo para entender y esperar la fuerza de su Espíritu sobre cada uno, nuestras familias, nuestra Iglesia, nuestro entorno. Estos son aspectos personales a resaltar. A juicio de quienes guían el taller, se pueden agregar otros elementos que ayuden a esta profundización personal, tales como las dudas que nos asisten, el desconsuelo que podemos llegar a tener, parecido al de los discípulos de Emaús por el tiempo que vivimos ahora, etc.
Otra insistencia importante para este rato de oración personal, es no dejar de lado a quienes han compartido con nosotros la vida, no sólo personal, sino eclesial, pues todos los que hacemos el taller somos activos eclesialmente. Los cuarenta días también pueden ser: los quince años de vida activa pastoral de la diócesis y la historia comunitaria que hemos construido juntos; las pascuas que hemos vivido en otros años o la presente; la manera intensa con que preparamos Pentecostés a nivel de la parroquia, o del arciprestazgo. Incluso, hasta momentos de la Iglesia Universal con sus problemáticas humanas, espirituales y pastorales.

3. Ejercicio dialogal

El grupo queda motivado con el ejercicio orante personal y se dispone a interpretar comunitariamente los demás elementos del relato Hch 1,1-11. En este aparte, profundizamos nuestra sintonía con la espiritualidad misionera, que en estado de expectación movió a la Comunidad de los orígenes a recibir el Espíritu Santo. Interpretamos este acontecimiento desde nuestra perspectiva samaritana, como Iglesia Samaritana que va hoy a esa fuente, se nutre en ella y aviva su esperanza.

a. Canto de ambientación: Escoger entre los cantos: “Alma misionera” o
“Iglesia peregrina”. Cfr. Anexo.
b. Identificar quiénes están en el grupo: Es muy importante resaltar la presencia de cada persona, con su nombre propio y su ministerio o servicio eclesial. Esto no sólo resalta el sentido de pertenencia, sino el sentido misionero del compromiso comunitario. Todos los que estamos allí hemos servido en algo, por eso todos somos expectantes, todos somos “teófilos” y “teófilas”, “amigos” y “amigas” de Dios. A todos nos es dirigido este mensaje. Resaltemos que para nosotros hoy, con nuestro ministerio específico, está escrita la Obra Lucana, tanto el Evangelio como Los Hechos de los Apóstoles.
c. “Estando ya reunidos le preguntaban…” Encuentro entre nuestra Comunidad de hoy y aquella Comunidad: (V. 6-8). El grupo se concentra en quienes formaron parte de esa Primera Comunidad, dialoga sobre lo que representa cada uno de ellos y de ellas, en qué nos inspiran para nuestra misión hoy. La enumeración de los integrantes de esa Comunidad, se obtiene de la lectura cuidadosa tanto de Lucas 24,1- 53 y Hch 1,1-11, en virtud de que al principio ambos libros fueron una sola Obra; sólo cuando se separaron, Hch 1,1-5 se convirtió en el prólogo del Libro de los Hechos, o el resumen del Evangelio y abre el pórtico del segundo libro. Veamos quiénes eran estas personas:
1. “María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que estaban con ellas” (Lc 24,10. Lucas retoma el tema de las discípulas de Jesús, que lo acompañan desde Galilea: Lc 8,23 y 23,49.55).
2. Los dos discípulos que parten del grupo camino a Emaús (Lc 24,13) y que retornan al grupo (Lc 24,33).

3. Más adelante, (Hch 1,14), al nombrar a los 11 apóstoles, el texto dice que estaban “algunas mujeres, María la madre de Jesús y sus hermanos”.
4. Todos son llamados “Galileos”, (Hch 1,11).
A este grupo es al que las mujeres anuncian que el sepulcro está vacío, son quienes encuentran a Jesús y él les abre sus inteligencias para que entiendan las Escrituras, es a ellos y ellas a quienes les dice: “Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo” (Hch 1,8).
Ante ellos mismos Jesús es levantado al cielo y a quienes los dos hombres vestidos de blanco anuncian el retorno de Jesús (Hch 1,9-11).
Es el mismo grupo que con Pedro a la cabeza, reunidos en asamblea, eligen a Matías, como sucesor de Judas Iscariote. Es el Cuerpo Apostólico.
Es el mismo grupo que está reunido en una casa el día de Pentecostés, recibe el Espíritu Santo y habla en otras lenguas (Hch 2,1-13).
Y es este grupo el que interroga a Jesús acerca de si ¿es ahora que va a restablecer el reino de Israel? (Hch 1,6). Los discípulos de Emaús habían expresado algo semejante: “Nosotros esperábamos que sería él quien iba a liberar a Israel” (Lc 24,21). Un poco extraña esta preocupación de la Comunidad, cuando la predicación de Jesús de Nazaret expresó enfáticamente de palabra y de praxis que la irrupción del Reino de Dios se identificó totalmente con el pueblo caminante, con predilección con el grito de humanidad de los pobres y sufrientes (Lc 4,16-21; 7,18-23). Jesús se distanció significativamente del proyecto teocrático y político que identificaba el Reino de Dios con el reino de Israel.
La respuesta de Jesús a este interrogante es muy clara y referencia hoy nuestra comprensión y praxis de misericordia:
• La liberación viene de Dios Padre, de su Proyecto del Reino o la Buena Noticia que Jesús anunció y vivió en medio de los suyos. Sólo el Padre sabe el “aquí y el ahora”, es su competencia.

• No es Jesús el sujeto de la nueva estrategia de liberación, es el Espíritu Santo. Esto ha sido de lenta comprensión para la Iglesia de todos los tiempos.
• No se trata de “restauraciones”, sino de colmarse con la fuerza del testimonio, “mover montañas” aquí, en “Jerusalén, Samaría y hasta el confín de la tierra”.
Entonces, el Proyecto de Jesús ha sido transformado ahora, por su muerte y resurrección, en un Proyecto del Espíritu Santo, que actúa en sus testigos misioneros en todo el mundo. Empezó en “Jerusalén” y se dirige a “todas las naciones” (Lc 24,48).
La culminación del Proyecto del Jesús histórico, cuya comprensión está plasmada en Lucas 24, es ahora el comienzo de un Proyecto del Espíritu y de los testigos misioneros de Jesús, con dimensión universal (Hch 1,8). Ahora, para nosotros, se da en la Ciudad de la Misericordia y es un derrotero a seguir para la Nueva Época que deseamos fundar en la ruta del Plan Pastoral Samaritano. Nos ponemos en esa dirección resignificando nuestra Identidad Samaritana. Para ello, asumimos la Novedad del Espíritu y la audacia pastoral que nos reclama.

d. Reflexión pastoral del grupo dialogante: Este momento es crucial para el presente Taller de Espiritualidad. Es el esfuerzo por identificar juntas, la Espiritualidad y la Pastoral. Nuestro referente es esta Comunidad naciente originaria, paradigmática y audaz. Entrar en su dinámica misionera, requiere de un esfuerzo de interpretación que consiste en releernos hoy nosotros, en la propia audacia misionera de aquellos. Nos es indispensable comprender que esa Comunidad fue capaz de ponerse delante del viento del Espíritu, cuyo fuego les invadió y otorgó la capacidad de entrar en su aventura. Aventura que hoy nos sostiene y nos sostendrá siempre, pues el Espíritu es la Novedad de Dios que nos renueva y alimenta vitalmente.
Hemos aceptado la propuesta de Jesús de hacernos “buenos samaritanos”, mujeres y hombres tomados por el Espíritu. Por tanto, nuestra identidad eclesial y su proyección social no admite dudas, lo que nos mueve a no

quedarnos como en algún momento lo vivieron estos primeros protagonistas:
“¿Qué hacen ahí mirando al cielo, galileos?…” (Hch 1,11).
Aprendamos del arrojo de estos primeros misioneros y vayamos a lo fundamental de nuestra opción samaritana: asumir nuestra condición humana, como lo hizo y nos lo enseñó con su vida Jesús de Nazaret. Es decir, jugárnosla como él, por nuestra propia humanidad. Jesús, en profunda comunión con el Padre, creyó en nosotros, se la jugó por ello. ¿Por qué no hacer nosotros lo mismo? Aquí está el principio del Perdón, la Reconciliación y la Paz para Colombia, que nos está siendo tan esquiva.
Hecha la anterior motivación, se invita al grupo a intercambiar opiniones y a sacar conclusiones útiles, con base en los siguientes tópicos: este diálogo, si se motiva suficientemente, ojalá tocando la fascinación de los participantes, puede durar un mínimo de una hora, incluso dos horas.
• Nosotros somos los “Teófilos” y “Teófilas” a los cuales Lucas habla hoy: Si escuchamos a Lucas hoy, estamos escuchando al Espíritu Santo que habla a través de él. ¿Tendríamos las condiciones de “conversión pastoral”, que tuvo esa Primera Comunidad, para abrirnos a la Novedad del Espíritu en la nueva época que se avecina?
• La Iglesia vive hoy sus “cuarenta días” con Jesús Resucitado: Releer el texto Hch 1,1-5 y preguntarse si ¿Cómo Iglesia que construye la Ciudad de la Misericordia, vivimos este paradigma fundante y qué hechos de vida nos permitirían afirmar que sí lo vivimos? De pronto nos podemos dar cuenta que no lo vivimos, ¿entonces qué hacemos?
• La Iglesia se deja mover por el Espíritu a ir a lo esencial: Lo esencial es el Reino y su Buena Nueva de Vida Abundante y Digna para todos.
¿Cómo Iglesia Samaritana vamos a lo vital del Reino anunciado por Jesús?, ¿o damos muchas vueltas, distrayéndonos en cosas que no son fundamentales? Una Iglesia Samaritana, parecida a Jesús, limpiaría la sangre de las heridas y abogaría porque no se derrame más sangre de los hermanos, ¿cómo hacer esto en Colombia, perdiendo miedos y timideces?

5. Conclusión del Taller.

Se hacen visibles las conclusiones del grupo y se relacionan con la frase o lema elegido por los presbíteros del arciprestazgo, como proyecto con el cual se quiere vincular a las parroquias del respectivo arciprestazgo, a la realización de la Nueva Etapa del Plan Pastoral Samaritano para los próximos años. Se puede aplicar la pregunta: ¿Estas Conclusiones, cómo se comprometerían con este lema arciprestal?
Canto final: “Iglesia soy”. Cfr. Anexo.

Taller para Pentecostés 1- 2019

El Pentecostés de nuestro tiempo: la Iglesia Samaritana y Misionera para la Ciudad de la Misericordia

ANEXO

Lucas 24.

1 El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.
2 Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro
3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
4 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.
5 Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?
6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:
7 «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».
8 Y las mujeres recordaron sus palabras.

9 Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.
10 Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,
11 pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.
12 Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por qué había sucedido.
13 Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
14 En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
15 Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
16 Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
17 Él les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
18 y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».
19 «¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
20 y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
21 Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
22 Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
23 y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.

24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
25 Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, ¡cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
26 ¿No será necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?»
27 Y comenzando por Moisés y continuando en todas las Escrituras lo que se refería a él.
28 Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
29 Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos.
30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
31 Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
32 Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
33 En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
34 y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».
35 Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
36 Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes».
37 Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,
38 pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?

39 Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo».
40 Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.
41 Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?».
42 Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; 43 él lo tomó y lo comió delante de todos.
44 Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos».
45 Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,
46 y añadió: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,
47 y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.
48 Ustedes son testigos de todo esto.
49 Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto».
50 Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo.
51 Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.
52 Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría,
53 y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Hechos 1, 1-11.

1 En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo,

2 hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios.
4 En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado.
5 Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días».
6 Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».
7 Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.
8 Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».
9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos.
10 Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,
11 que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».

CANTOS

I

INICIO RESUCITÓ.
Resucitó, resucitó, resucitó, ¡Aleluya!

CANTOS

Aleluya, aleluya, aleluya, ¡Resucitó!

La muerte,

dónde está la muerte,
dónde está mi muerte,
dónde su victoria. Resucitó, resucitó, resucitó, ¡Aleluya! Gracias,
sean dadas al Padre,
que nos pasó a Su Reino,

donde se vive de Amor.
Resucitó, resucitó, resucitó, ¡Aleluya! Alegría,
alegría, hermanos,
que si hoy nos queremos,
es que Resucitó. Resucitó, resucitó, resucitó, ¡Aleluya!

Si con Él morimos, con Él vivimos, con Él cantamos:
¡Aleluya! Aleluya, aleluya,
aleluya, ¡Resucitó! Resucitó, resucitó, resucitó, ¡Aleluya!

HOY EL SEÑOR RESUCITÓ.
Hoy el Señor resucitó,
y de la muerte nos libró.
Alegría y paz, hermanos,
que el Señor resucitó.
Porque esperó, Dios le libró,
y de la muerte lo sacó.
Alegría y paz, hermanos,

que el Señor resucitó.
El pueblo en Él, vida encontró,
la esclavitud ya terminó.
Alegría y paz, hermanos,
que el Señor resucitó.
La luz de Dios, en Él brilló,
de nueva vida nos llenó.

Alegría y paz, hermanos,
que el Señor resucitó.
Con gozo alzad, el rostro a Dios,
que de Él nos llega salvación.
Alegría y paz, hermanos,
que el Señor resucitó.
Todos cantad: Aleluya,

todos gritad: Aleluya. Alegría y paz,
hermanos,

que el Señor resucitó.

AMBIENTACIÓN. ALMA MISIONERA.
Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera
desgaste años en mí
Estoy dispuesto a lo que quieras
no importa lo que sea;
tú llámame a servir.

/Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras

necesiten mi ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde falte la alegría
simplemente por no saber de ti./

Te doy mi corazón sincero
para gritar, sin miedo,
tu grandeza Señor,
tendré mis manos sin cansancio

tu historia entre mis labios
y fuerza en la oración.
Y así, en marcha iré cantando
por calles predicando
lo bello que es tu amor
Señor tengo alma misionera
condúceme a la tierra que
tenga sed de Dios.

IGLESIA PEREGRINA:
Todos unidos formando un solo cuerpo, un pueblo que en la Pascua nació. Miembros de Cristo en sangre redimidos. Iglesia peregrina de Dios.
Vive en nosotros la fuerza del espíritu, que el hijo desde el Padre envió. Él nos empuja, nos guía y alimenta. Iglesia peregrina de Dios.

Rugen tormentas y a veces nuestra barca, parece que ha perdido el timón. Miras con miedo, no tienes confianza. Iglesia peregrina de Dios.
Una esperanza nos llena de alegría, presencia que el Señor prometió. Vamos cantando, Él viene con nosotros. Iglesia peregrina de Dios.
Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor.
//Paz para las guerras y luz entre las sombras. Iglesia peregrina de Dios. //
Todos nacidos en un solo Bautismo, unidos en la misma comunión. Todos viviendo en una misma casa. Iglesia peregrina de Dios.
Todos prendidos en una misma suerte, ligados a la misma salvación. Somos un cuerpo y Cristo la cabeza. Iglesia peregrina de Dios.
Somos en la tierra semilla de otro reino, somos testimonio de amor.
//Paz para las guerras y luz entre las sombras. Iglesia peregrina de Dios. // CANTO FINAL.
IGLESIA SOY.

Iglesia soy, y tú también.
En el Bautismo renacimos
a una vida singular
y al confirmar hoy nuestra fe,
la proclamamos compartiendo el mismo pan.
No vayas triste en soledad

ven con nosotros y verás
a los hermanos caminando en el amor.
Ven con nosotros y serás
en la familia un hijo más,
iremos juntos caminando en el amor.

La Iglesia es tan maternal
que me ha engendrado,
me alimenta y acompaña sin cesar.
La Iglesia es tan maternal
que nunca duda en abrazarme y perdonar.

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