La familia exige de la Iglesia una conversión misionera: “no puede quedarse en un anuncio teórico y desvinculado de los problemas reales que aquejan a las personas». La pastoral familiar «debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. Es preciso proponer valores, respondiendo a las necesidades que se tienen hoy.  Es necesario evangelizar con valentía desde las denuncias y con franqueza, los condicionamientos culturales, sociales, políticos y económicos, que dan prioridad a las leyes de mercado, que van en contra de una vida familiar, y que por el contrario profundizan la discriminación, ahondan la pobreza, la exclusión y todo tipo de violencia.

Desde iglesia y en concreto desde el Campo de Vida en Comunión, el reto es grande porque es preciso dar respuestas claras a los tiempos que estamos viviendo, y que nos exige nuevas dinámicas, de cómo vivir la espiritualidad como seguimiento de Jesús, iniciando una conversión personal que nos lleve a lo que el papa Francisco llama “conversión pastoral, como la misericordia que cambia el corazón”.

X