El Papa francisco en su encíclica “Laudato Si”,  nos recuerda a propósito del día de la tierra, el compromiso que tenemos como iglesia: “El desafío urgente de proteger nuestra casa común, incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar”.

Y en el congreso de Pastoral Urbana el Diácono Alirio Cáceres, expositor,  en este sentido destacó: “estamos hablando de una fundamentación ecoteológica, que piensa en la casa, una casa de misericordia con dinámicas de familia, tratándonos como hermanos, como hijos de Dios.

El Papa, nos habla de ecología integral y nos hace la invitación de cuidar nuestra casa común y uno de los elementos fundamentales, es que llevamos 20 años tratando que los gobernantes se pongan de acuerdo para que la temperatura del planeta no aumente más de dos grados; en consecuencia esta forma de vida va a desaparecer.

No se trata simplemente del cambio climático, debemos profundizar en el cambio de los seres humanos, de las estructuras y de las relaciones. La  encíclica nos habla de educación, cultura, economía, política, espiritualidad, mística y nos invita a pasar del pensamiento fragmentado a un pensamiento más integral.

Hoy en día hay muchos cultivos verdes que arrasan con la diversidad y no siempre lo verde equivale a la vida sustentable. Hay un itinerario que ve lo que está pasando, nos muestra  problemas que tienen que ver con la contaminación, el cambio climático, con el agua, la biodiversidad entre otros.

La dificultad radica en que no  tomamos decisiones, no resolvemos los problemas de la casa y tenemos diferentes interpretaciones sobre lo que sucede.  El ver de la realidad sería incompleto,  si no vemos la acción de Dios en su creación… el Evangelio de la creación. Nos hemos acostumbrado a la palabra evangelio que hace referencia al texto Bíblico, aquí se aborda en un sentido más amplio y dice: “toda la creación es una buena nueva”,  el Señor se está revelando en su amor en todo lo que existe.

La raíz humana de la crisis ecológica, se da por la violencia que está en nuestro corazón, por el egoísmo, porque hemos alimentado un sistema de idolatría al dinero potenciado por una relación entre tecnología y economía.

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