El asunto empezó cuando la Arquidiócesis de Bogotá, convocó una serie de encuentros y asambleas , con el propósito de dialogar sobre cómo se estaba anunciando el Evangelio en la ciudad de nuestros días. Venía tomando fuerza en el ambiente la idea de que la Iglesia caminaba paralela a la ciudad, no inserta en sus realidades, sino al margen de ella. Esto, que era solo una impresión, se verificó como un hecho real, cuando una de las conclusiones de todo este proceso de escucha y discernimiento, afirmó que el “Evangelio no daba forma a la Iglesia” y que ésta aparecía diluida en la gran ciudad.

Esta conclusión, acompañada de otra no menos importante, en la que se constató la ausencia de encarnación de nuestro cristianismo en la realidad, sembró inquietud en la Iglesia de Bogotá. No fue para menos. Sentir que la Buena Noticia de Jesús de Nazaret no llegaba adecuadamente a millones de habitantes de la ciudad por deficiencias en nuestro anuncio, fue en ese momento y lo es hoy, un llamado a revisar profundamente las causas de esta falla y a dar un giro necesario en nuestro estilo evangelizador.

Nueve años alcanzó a durar este camino, en el que se procuró favorecer la participación de todos los miembros de la Iglesia, jerarquía, vida consagrada y laicado. También se escuchó la voz de otras iglesias diferentes a la católica y de representantes de la sociedad civil. La figura de caminar juntos en la búsqueda de respuestas acertadas a los problemas encontrados, lo que se denominó Camino Sinodal, marcó, de alguna manera, un nuevo tiempo para la Iglesia en Bogotá, asumido con énfasis distintos, con mayor o menor intensidad, por las distintas zonas pastorales en que estaba dividida la Arquidiócesis por aquel entonces.

El fundamento de la respuesta a estas voces de la ciudad nos lo dio la parábola del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37). Lo hemos sentido como una clara señal del Espíritu de Jesús para la Iglesia de Bogotá. Acudir a esta narración hecha por Jesús de Nazaret y compartida por el Evangelio de Lucas, fue fruto privilegiado de la Asamblea Sinodal. Desde entonces, por el año 1998, en el que se dio a conocer esta opción de la Iglesia arquidiocesana, no ha dejado de sonar la parábola del Buen Samaritano en la reflexión y acción pastoral de algunos sectores de la Iglesia, que se han dado a la tarea de hacer su camino bajo la luz de este hecho de humanidad que quiso dejarnos Jesús, como una síntesis de su Evangelio.

La Diócesis de Engativá, en continuidad con esta historia precedente, como hija de la Arquidiócesis de Bogotá, dos años después de su fundación canónica, en el año 2005, en el marco de la Segunda Asamblea de Pastoral Diocesana, inició un esfuerzo significativo de búsqueda pastoral, de un camino de apropiación de la idea de evangelizar la ciudad, inspirada en la parábola del Buen Samaritano. En aquella ocasión, la asamblea diocesana recibió con expectativa, el lema que la Vicaría de Pastoral propuso como horizonte para el Plan Pastoral Diocesano: “Hacia la Ciudad de la Misericordia, más Humana y Fraterna”.

Se definía de esta manera, una acción pastoral con el rostro propio de una Iglesia naciente, dispuesta a emprender la aventura de fundar nuevos caminos evangelizadores, abiertos al encuentro expectante con una ciudad, símbolo de los progresos modernos y de las transformaciones humanas y sociales más sorprendentes, traídas por la irrupción de una nueva época.

Se recogían con este lema los pasos dados en la historia reciente, en que siendo la Zona Pastoral de la Sagrada Eucaristía, habíamos conseguido colocar las bases de lo que hoy somos como Iglesia Diocesana. La experiencia de configurar en todos sus detalles un plan pastoral, con la novedad de aprender a caminar juntos en la organización y planeación metodológicas, pero, sobre todo, en el espíritu samaritano del plan, que comenzaba a alimentar nuestras esperanzas, hizo de esos años de Zona Pastoral, un tiempo fecundo del que, ahora, no sin dificultades y paciente espera, vemos levantar sus primeros frutos, como el sol sobre las montañas, cuando se anuncia un nuevo día.

Categorías: La Diócesis

X