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Magisterio Vivo del Papa Francisco

El acontecimiento fue deslumbrante, su presencia cautivante. Los elogios son unánimes, los compromisos están por verse. Las palabras vuelan, los hechos permanecen. La euforia es transitoria, la enseñanza es permanente.

Aquello deslumbrante, cautivante y motivo de tanta conmoción y unánimes elogios, tiene que ver con una persona que encarna el evangelio y lo transparenta con hechos y palabras, hasta el punto de que un destacado periodista pudiera hacer este balance: “El más parecido a Jesús de Nazareth hoy en el mundo es Francisco¨. Lo había dicho hace rato el mismo Francisco: “Lo que importa no es el Papa, lo que importa es Jesucristo¨.

Prescindiendo de su desbordante carisma personal e intransferible, en este breve escrito para el boletín diocesano de la Diócesis de Engativá, quisiera recoger con devoción tres trazos sobresalientes e inspiradores del magisterio pastoral del Papa Francisco, que pueden elevar e iluminar nuestro propio ministerio de evangelización en la ciudad de la Misericordia:

Los planos de la realidad: Los escenarios puestos delante por el Papa Francisco al momento de su ministerio evangelizador en Colombia son tres: El País, es   decir el territorio con sus mares, sus ríos, sus montañas, sus climas y paisajes, sus reservas biológicas y minerales, el jardín de América que se llama Colombia, como en plena sintonía con la impresionante Encíclica Laudato Sí. La Nación, es decir, las personas, la raza mestiza y aborigen, negra y mulata, indígena e hispana: lo latino con sus culturas inmensas, sus lenguas, sus usos y costumbres, su religión y su evangelización, sus grandezas y limitaciones, su laboriosidad y su pobreza. El Estado, es decir el sistema de convivencia pactado jurídicamente en una Constitución Nacional, que hasta ahora no ha logrado asegurar para todos, la convivencia ordenada, la libertad con justicia, los derechos de todos y en especial de las inmensas minorías irredentas que anhelan, e incluso por la fuerza y la violencia, una nueva oportunidad sobre la tierra. Este fue el escenario puesto delante de todos para el Papa Francisco en las gradas de la Casa de Nariño y en el Parque Simón Bolívar. Y este es el escenario que clama por una evangelización nueva, concreta, especifica, inculturada y responsable, más allá de los consabidos discursos religiosos, distractores, que planean sobre la realidad sin tocarla ni mancharla.

Las reales implicaciones del evangelio: Supuestos los planos de la realidad real, las lecturas evangélicas en las magistrales homilías de Francisco, fueron iluminando la vida y situación, la guerra y la paz, la pobreza y la injusticia, la barca para todos, el trabajo infructuoso y la patria boba, el intentar de nuevo y el hacer señas para pedir ayuda, la mercancía de la esclavitud y las nuevas mercancías de la droga, del lujo, del turismo sexual, de la permanente tentación de la violencia para beneficio de los señores de la guerra, del tráfico y de la usura. La lección magistral de Francisco es rotunda: El evangelio es en si mismo una indisoluble implicación encarnada de lo social, lo cultural, lo político, lo económico, lo presente y lo trascendente, que la usual evangelización no explicita porque no lo sabe o porque no le importa. Y que el texto que no ilumine el contexto real de vida y situación es un falso texto, así sea el texto mismo del evangelio en las formas consabidas y usuales   de   leer lo textos sin contextos ni pretextos. Esa fue la catedra viva del Papa que debemos recoger, quizás a la luz de su texto luminoso sobre la homilía en su exhortación El Gozo del Evangelio.

La eclesiología viva: Se ha dicho que el magisterio conciliar reformó el discurso sobre la iglesia, pero no la iglesia. El magisterio vivo del Papa Francisco muestra con su palabra y su obra que ni el Papado ni el Episcopado, ni el Presbiterado ni el Diaconado ni la vida Religiosa son para autoafirmación de ellos mismos, sino para el servicio insigne al pueblo de Dios y, sin rodeos, a la iglesia pobre y de los pobres, con todo lo que ellos supone de opción por los pobres, por su derecho, por su defensa, por la educación de los pobres, por las culturas populares y por la religión del pueblo. Eso es oler a oveja, como olió el magisterio vivo del Papa Francisco en Colombia y en sus lucidos discursos al Episcopado colombiano y latinoamericano y a la vida sacerdotal y religiosa.

Yo invito a proseguir en la Diócesis de Engativá con el balance que nos deja la visita Papal y con las consecuencias que se siguen para la gran tarea de la evangelización de la Colombia del Post conflicto, de la nueva esperanza, de la reconciliación, a la luz sin ocaso del evangelio del Reino, explicitado con tanta sabiduría por el Papa Francisco, Lo que cautivo a Colombia fue descubrir una imagen desconocida del evangelio y de iglesia, que quizás nosotros no hemos logrado descubrir y comunicar.

Padre Gilberto Duque Mejía
— Vicario de Religiosos —

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