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La Paz De Cristo En El Año De La Misericordia

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En el contexto de este Año de la Misericordia vale la pena hacer un análisis sobre el valor de la paz en nuestro país, teniendo claridad acerca de los criterios que desde el mismo Evangelio se manejan, máxime cuando encontramos invitaciones del mismo Jesús a velar por una paz que nace del corazón de los hombres con miras al respeto y restauración de la dignidad humana, y no quedándose únicamente en algunos intereses particulares que demeritan el auténtico sentido de una paz verdadera que nace de los principios del Evangelio.

Son varios los argumentos que se pueden presentar para hablar sobre la paz, pero yo me voy a centrar específicamente en la única paz verdadera, la auténtica: la de Jesucristo. Si bien en algún pasaje del Evangelio, Jesús, después de su Resurrección, se presenta a sus Apóstoles con el saludo: “Mi paz les dejo, mi paz les doy”, acto seguido hace referencia a que su paz es diferente a la que da el mundo; pues recordemos que en otro pasaje recuerda que “Él no ha venido a traer la paz, sino la discordia”.

Y es evidente que la presencia de Cristo generará divisiones en aquellos que desean comodidades que aseguren sus intereses particulares, con aquellos que luchan por la dignidad del ser humano. Si nos quedamos pensando en la paz que dan los hombres siempre vamos a quedarnos en la lucha de intereses particulares que nada bueno traen al mensaje auténtico del Evangelio; la paz de Jesús es una paz que no mira intereses particulares, que no se queda mirando a quién le cae bien y a quién no, los criterios de Cristo son únicos e innegociables, y parten del principio fundamental de la Misericordia y del amor.

Nada de extraño que nos encontremos hoy con realidades similares a las que se vivían en tiempos de Jesús: grupos diversos con intereses creados para ganar posiciones de diferente tipo: político, económico, social; incluso, hasta religioso, para poder “liderar” procesos sociales que a la larga, siempre perjudicarán a los menos favorecidos de nuestra sociedad.

No podemos “casarnos” con uno u otro bando si participamos del anuncio del Evangelio, el único lugar desde donde debemos ubicarnos como discípulos de Jesús, es el lugar de la justicia social para rescatar la dignidad de nuestra gente en el contexto de la Misericordia. Ese es el lugar desde donde Jesús quiere que se construya la paz; si no es así, la paz de Cristo generará las divisiones que Él mismo anuncia pero que no se intercambia por nada: o se recibe o se rechaza, pero no se negocia.

P. Wilson Zuloaga Niño
Director Nivel de Comunicaciones

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