Estás aquí
Inicio > Vicaría de Pastoral > Nivel de comunicaciones > Informativo Samaritano > Jornada Mundial de las Misiones 2017

Jornada Mundial de las Misiones 2017

PREDIQUEN EL EVANGELIO EN TODO TIEMPO Y DE SER NECESARIO CON PALABRAS

“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado” (Mt 28, 19-20ª) Esta icónica expresión del evangelio de Mateo encierra en sí el sentido de este mes de octubre y de la misiones, no porque solo durante este mes se realizan misiones, sino que nos ayuda a recordar que todos nosotros quienes nos hemos sentido llamados y hemos querido seguir al Señor, nos comprometemos con la causa de su Reino y, por ende, con el anuncio de la Buena Nueva.

La Iglesia, entonces, como comunidad de llamados y seguidores del Señor, tiene la misión de ir al mundo a predicar aquella noticia de la cual ella es signo y fermento (Cf. L. G1); de por sí corresponde a su naturaleza esta tarea misionera y evangelizadora, ya dos textos emblemáticos nos lo recuerdan: “La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza” (A.G. 2) “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda”(E.N. 12) Esta realidad ya expresada en el Concilio y reafirmada por la exhortación de Pablo VI, ha tenido sus repercusiones en el rico Magisterio de la Iglesia, últimamente en Evangelii Gaudium del papa Francisco y, en el caso de Latinoamérica la última Conferencia del Episcopado, celebrada en Brasil, quien nos llamó a todos a sentirnos discípulos y misioneros.

No pretendemos en las siguientes líneas desarrollar los pronunciamientos magisteriales; pero sí constatamos que es inevitable hablar de Iglesia, sin referirnos a su misión, a la evangelización. Ahora bien, respecto al cómo de esta tarea muchas cosas se han escrito y dicho, pero resuenan con fuerte voz aquellas palabras que san Francisco decía a sus hermanos: “Prediquen el evangelio en todo tiempo y de ser necesario usen palabras”, que señalan la manera privilegiada para ofrecer este anuncio, me refiero al testimonio, a la manera de vivir.

Día tras día, el mundo reclama de los creyentes un testimonio coherente, que la fe se concrete en la manera de vivir, este es con seguridad, uno de los más difíciles pasos que cada creyente debe dar en el camino de seguimiento al Señor; pero que es imperativo de aquel que, llamado por el Señor, enamorado por su presencia, ha decidido dejarlo todo y seguirlo (Cf Lc 5, 1-11). Por ende, la martiría, es la forma privilegiada de anunciar la Buena Noticia, con ella toma una mayor credibilidad en el mundo de hoy el acontecimiento de la revelación y la respuesta del hombre que llamamos fe, sin por ello supeditar la verdad de Dios que se revela al testimonio del creyente.

Constatamos, así que, al referirnos a la misión de la Iglesia, no podemos desconectarla de todo el ambiente teológico y eclesial, pues esta realidad hunde sus más profundas raíces en el misterio de la revelación. Ahora bien, la tarea evangelizadora de la Iglesia se extiende en la misma temporalidad a la que el Señor ha querido ubicarla, el texto citado al inicio del presente escrito, continúa diciendo: “Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20b) Por lo tanto, hasta el “final del tiempo” la Iglesia ha de cumplir la misión recibida de su Señor.

Pero el versículo citado, trae en sí una promesa, la presencia del Señor: “yo estaré con vosotros”, claramente la tarea evangelizadora no puede cerrarse a la inspiración del Espíritu, porque de hacerse se desvirtuaría y perdería su identidad más profunda; es el Señor, en últimas, quien posibilita la tarea de la Iglesia, quien mueve los corazones de los oyentes y faculta la palabra de los discípulos para que penetre en los más profundo de la existencia humana. Así pues, no es posible creer en una misión que no sea posibilitada y potenciada por el Espíritu de Dios.

Todos estos elementos grosso modo expresados, se nos recuerdan año tras año en el DOMUND, en el que, de manera especial, oramos por los misioneros Ad Gentes; sin embargo, en coherencia con lo dicho, es el día que la Iglesia misma dedica para orar por lo que le es propio y esencial: la misión de anunciar a todos la Buena Nueva de Jesucristo. Por eso el próximo domingo 22 de octubre, sintamos todos en estado de permanente misión y comprometámonos en la tarea que el Señor ha encomendado a sus discípulos con la firme certeza de que Él no abandona la obra de sus manos (Sal 137, 8b).

Artículos similares

Arriba
X