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Estamos Invitados a Ser Signo de Comunión

1.LuisEduardoSanchez

1 Cor 11,17-22

Desde el día de la Posesión, Monseñor Francisco Nieto Súa ha venido haciendo un llamado a todos nosotros a la Comunión, a manifestar a través de signos que la hagan explícita en medio de nosotros.

Yo quiero a través de la reflexión de este texto bíblico 1Cor 11, 17-22 exhortar a vivirla, a cambiar nuestras actitudes, a trabajar por la comunión y a construirla desde la Eucaristía.

Al escribiros lo que sigue no puedo felicitaros, pues parece que vuestras reuniones os hacen daño en vez de haceros bien. En primer lugar, se me ha dicho que cuando os reunís como comunidad hay divisiones entre vosotros, y en parte lo creo. ¡No cabe duda de que tenéis que dividiros en partidos para que se sepa quiénes son los verdaderos cristianos! El resultado de esas divisiones es que la cena que tomáis en vuestras reuniones no es ya realmente la Cena del Señor. Porque a la hora de comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y mientras unos se quedan con hambre, otros hasta se emborrachan. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¡Por qué menospreciáis la iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué voy a deciros? ¿Podré acaso felicitaros?

¡En esto no os felicito!

La mesa del Señor simboliza unión, fraternidad, solidaridad, capacidad de los miembros para ofrecer con la vida misma, testimonio cristiano. Si un miembro de la congregación no mantiene su sentido de pertenencia con sus hermanos, es imposible su comunión con Cristo, y por tanto, vano, inútil que participe de la mesa, se convierte en un Judas que se excluye del grupo por no tener los mismos anhelos que Jesús. Ha perdido su identidad comunitaria.

El problema que trata en este pasaje es la observación inapropiada de la Cena del Señor. Los cristianos corintios eran culpables de cumplir con la Cena del Señor como si fuera una comida común y corriente.

Antes, Pablo se dirigió al problema de las divisiones en la Iglesia, y ahora anota que esas divisiones también están presentes cuando observan la Cena del Señor.

Aparentemente, estos cristianos corintios estaban llevando a cabo la Cena del Señor en el contexto de una comida normal. Cada persona o familia traía algo de comer y cada uno comía de su propia comida sin compartirla con los demás. O quizá la compartían, pero los que llegaban temprano tenían mucho y los que venían más tarde (gente más pobre con menos tiempo libre) tenían poco. Esto resultaba en algunos pasando hambre (los pobres) mientras que otros (los ricos) tenían más de lo que necesitaban para comer y beber – además, Pablo también dice que algunos se emborrachaban.

Para empeorar la situación, en aquel entonces la iglesia no tenía ningún edificio dedicado para su labor. La Iglesia se reunía en las casas de sus miembros, y solo los cristianos más ricos tenían casas lo suficientemente grandes para acomodar a todos durante la Cena del Señor. Esto podía haber sido una buena cosa, porque la familia anfitriona podría haber preparado suficiente comida para asegurarse de que todos tenían algo que comer – pero en Corintio no era así. Los que recibían poca o ninguna comida en estas reuniones se sentirían naturalmente excluidos, y esto contribuía a las divisiones que preocupaban a Pablo.

Lo que sigue, entonces, es el consejo de Pablo para ayudar a estos cristianos corintios a apreciar el verdadero significado de la Cena del Señor y para que la observen de una manera más apropiada. Pablo quiere dos cosas: que observen esta cena como un rito sagrado y que tomen en cuenta las necesidades de los demás.

Apreciados hermanos preocupémonos por vivir la comunión y construirla en nuestra Diócesis.

P. Luis Eduardo Sánchez Moreno
Vicario de Pastoral

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