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Entrevista del Mes — Sor Blanca Castro

Apreciados lectores, en esta oportunidad entrevistamos a una mujer que hemos visto muy activa en la curia diocesana como asesora de uno de los campos. Visitando las parroquias. Conociendo sus realidades catequéticas y sus metodologías. Organizando el congreso Bíblico. Los que hemos compartido con ella, hemos encontrado una excelente conversadora. Nos hemos reído de sus múltiples anécdotas. Nos referimos a la Hermana Blanca Castro Rojas, asesora del Campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida. Los invitamos a conocerla un poco más.

P. C: ¿Quién es Blanca Castro Rojas?

Hna. B.C.R: Nací en Cáqueza Cundinamarca. Municipio situado a 39 km de Bogotá. Provengo de una familia muy religiosa. Fuimos 8 hijos, 4 mujeres y 4 hombres. En este municipio surgieron 18 hijas de María Auxiliadora, donde tenían una Normal de gran prestigio, fui educada por ellas; de ahí que soy una mujer consagrada dentro del carisma para la educación de niños y niñas, que muchos de Ustedes conocen fundado por San Juan Bosco y Santa María Nazaret, eso quiere decir que soy salesiana o hija de María Auxiliadora; ya que Don Bosco recibió a través de su vida muchos favores de la Virgen María y la manera como quiso agradecerlos, fue precisamente pensando en la existencia de un monumento vivo de gratitud de personas consagradas. Me he desempeñado en dos vertientes, la pedagogía y la catequesis.

P.C: ¿Cómo vivió y qué le quedó de la reciente visita del Papa Francisco a nuestro país?

Hna. B.C.R: Realmente es algo indescriptible. Como leemos en Corintios 2, 9. “Anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó. Lo que Dios preparó para los que le aman.” Es algo muy difícil de explicitar, sin embargo me atrevo a decir que, las expectativas que tenía el pueblo colombiano y en especial yo como persona, fueron realmente colmadas. Vimos a un Dios hecho humanidad, como es él, siempre que va y acude a sus visitas al encuentro del hombre, de la mujer, los niños en todas sus dimensiones, categorías pobres, ricos, los necesitados, los estudiantes, los que se dedican a la educación, a la enfermería… es algo, vuelvo y digo, indescriptible. Para mí, este encuentro con el Papa Francisco fue un encuentro de mediación, porque nos hizo sentir un Jesús muy cercano a la humanidad. Con sus gestos, sus palabras certeras, de fuerza que incita emoción en el corazón de quien lo escucha. No es una mediación cualquiera, es la mediación de Dios para todos, católico y no católico, para el que no es creyente, el que tiene dudas, para el que va a reforzar su fe, fueron unas palabras verdaderas y llenas de luz. Ojalá que estas palabras no queden sembradas en piedra ni en zarza, sino que realmente hayan caído en un terreno fértil para dar una respuesta a las diferentes realidades humanas.

P. C: ¿Cómo llegó a ser la asesora del campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida?

Hna. B.C.R: Fuera de la vocación religiosa, a nivel personal, como ya lo comenté, tengo dos dimensiones que han sido mi fuerte, la pedagógica y la catequística, todo ha sido dado en estos dos sentidos y gracias a Dios he tenido la oportunidad de desarrollar cada una de estas dimensiones en campos realmente impredecibles. El hecho de estar aquí en la Curia de la Diócesis de Engativá asesorando el campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida, es un don de Dios. Esta labor dentro de estas dos dimensiones que he mencionado, así como en la pastoral, la evangelización, la extensión del reino, que me apasionan.

Llegué aquí después de haber estado en Tierra Santa donde hice un diplomado que me encantó, pues me reencontré con la raíz que siempre ha sido mi fuerte. Recibí la invitación por parte del señor Obispo Monseñor Francisco Antonio Nieto Súa. Yo estaba esperando en obediencia, para saber a dónde iba a ser enviada y él conociendo mi itinerario me dijo: “Blanca te necesito en la Diócesis para que estés en Campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida”. No tenía idea de qué era el Campo de Arraigo hasta que leí el Plan Pastoral. Monseñor habló con mi superiora y ella me concedió el permiso. Así, desde el 17 de noviembre del 2016 hago parte de este equipo.

P.C: ¿Cómo ve Usted el Arraigo de la Palabra de Dios hoy en los fieles cristianos?

Hna. B.C.R: Aquí estamos diciendo dos cosas supremamente importantes. El arraigo de la palabra de Dios, depende de la disponibilidad que tenga la persona “frente a…”, para poder llegar a incidir en ese instrumento necesario que en este momento es absolutamente imprescindible en nuestras vidas. Ese arraigo, si el hombre nos lo permite, es muy difícil. ¿Qué se hace para que el ser humano esté disponible para acoger y luego arraigar? porque, si ni siquiera la acoge, ¿cómo se hace? Hay que tener algunas exigencias para la acogida de la palabra de Dios, empezando por nosotros los consagrados. Las motivaciones son tan diferentes en ese sentido que, la disponibilidad a esa palabra tiene sus grados, diría yo. No es lo mismo una persona absolutamente analfabeta frente a la palabra de Dios, respecto de otras que cuentan solamente como si fuera la fe del carbonero. Lo que su sentido común le dice respecto a la palabra de Dios, lo que escuchan del sacerdote. Entonces, ¿qué puedo concluir en esta reflexión que estoy haciendo? Esta disponibilidad depende de la persona que lo recibe y de la persona que se siente mediador para trasmitir esa palabra de Dios. Sea laico o consagrado. Luego, el arraigo, viene precisamente después de haber aceptado la Palabra de Dios. En este sentido entiendo por arraigo, como si fuera el parámetro único, la norma única de vida que, en otras palabras, ya en el plano de formación de los catequistas, se dice como si fuera realmente “el seguir a Jesucristo” así como lo presenta el Evangelio. He ahí entonces que, estamos en un esfuerzo continuado, unos más que otros. -al menos así lo veo-.

Todos en la Diócesis estamos inquietos por sembrar la Palabra, por evangelizar para que se vea que esta palabra se arraiga. ¿En dónde se arraiga? en el corazón del hombre y la mujer. Desde el sacerdote, hasta el último feligrés. Sabemos muy bien que ese arraigo tiene muchas cosas adversas y precisamente se me viene a la mente la parábola del sembrador. Hay pájaros, cizaña, los antivalores de la sociedad, diversidad de obstáculos que se presentan y no permiten que la Palabra de Dios sea parámetro de conducta y comportamiento de los cristianos católicos, tanto en el corazón como en las comunidades.

P.C: Una invitación a nuestros lectores sobre la importancia que tiene el arraigo de la palabra de Dios en nuestro “día a día” en la vida real.

Hna. B.C.R: En este momento el índice de analfabetismo se ha reducido en Colombia. Esto quiere decir que, la mayoría, sabemos leer y escribir. Creo que es conveniente buscar personas en la parroquia que orienten a la lectura de la Palabra de Dios. Aprender a hacer la lectio divina, y aquí toman gran importancia las Pequeñas Comunidades Samaritanas y Misioneras donde se reúnen en torno a la Biblia, que le da sentido a la vida para retomar los valores cristianos que, no son otros sino la alegría de retomar la buena educación, que para mí es la clave para poder arraigar la Palabra de Dios. Sin educación, es casi imposible. La Palabra de Dios es amabilidad, amor; esencialmente, servicio, buen trato -Por favor. Gracias. Con permiso-, justicia, servicio. Atender al otro.

Te damos gracias ¡oh María Auxiliadora! que todos acojamos la Palabra de Dios y permanezcamos unidos bajo tu maternal manto. Haz que en las tentaciones de alejarnos de la Palabra de tu amado Hijo te invoquemos con toda confianza. Que nos fortalezca el pensamiento de que eres buena, amable, amada y el recuerdo del amor que tienes a tus devotos, nos aliente de tal modo, que salgamos victoriosos contra el enemigo de nuestra alma, para asumir nuestra responsabilidad en la Diócesis de Engativá.

¡María Auxiliadora, haz que nos apasionemos por la extensión del Reino! Amén, amén y amén.

Diácono William Alberto Abril
— Equipo Pastoral de Comunicaciones —

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