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Entrevista del mes — P. Jaime Rivera

Hola nuevamente con Usted querido lector, desde el pasado 15 de abril en la Diócesis de Engativá tuvimos cambios renovadores para el equipo de Vicaría de Pastoral. Es por eso que para este mes de julio comenzaremos a entrevistar a los nuevos coordinadores de los campos comenzando en esta oportunidad con el Campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida dirigido desde ahora por el presbítero Jaime Rivera Bohórquez, quien estará acompañado en esta misión pastoral por el Padre René Aldair Choachí y por la hermana Salesiana Blanca Castro.

N.C: En el Sínodo Arquidiocesano 1999-2008 se veía como el Evangelio no estaba inserto en la ciudad y tenían caminos paralelos. Hoy, después de un tiempo de caminar como Diócesis y de tener establecido un plan pastoral, ¿Cómo ve Usted esa realidad Evangelio-Ciudad, Ciudad- Evangelio?

P.J.R: La Iglesia y la ciudad aún tienen caminos paralelos, en gran medida no se debe a qué; el plan pastoral no tenga unos  planteamientos claros en cuanto a la ciudad, porque el plan pastoral nos invita a ir al encuentro de la ciudad, a construir la ciudad de la misericordia más humana y más fraterna, pero sí hay muchos miedos y resistencias de parte de los evangelizadores. A veces tenemos la actitud de Jonás el profeta rebelde que quiere es destruir la ciudad, y no la de Jesucristo que quiere salvar la ciudad, creo que esto de que la iglesia y la ciudad caminen en comunión requiere también una conversión epistemológica y ahí es donde está la gran resistencia. El Plan Pastoral tiene un planteamiento muy interesante respecto a la ciudad; amoroso, fraterno misericordioso, transformador, pero, requiere que los evangelizadores también hagamos esa conversión epistemológica y no veamos la ciudad como un sitio de perdición, sino como el lugar al que Dios quiere salvar y al que nos envía a dar una buena noticia.

N.C: Usted venia coordinando el Campo de Vida en Comunión, dando gran impulso a las Pequeñas Comunidades como eje transversal del Plan Pastoral. Nuestra Vicaría de Pastoral hizo cambios renovadores para el equipo, y lo ha puesto al frente del campo Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida ¿Cuál es su derrotero de trabajo en este campo?

P.J.R: Con respecto al Campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida, el derrotero fundamental consiste en generar un programa y un proyecto de catequesis para la Diócesis. Es ahí donde estamos haciendo el mayor esfuerzo. Estamos ya visitando las parroquias, encontrándonos con  los catequistas. Esto es un ideal. Es generar este proyecto de catequesis más entendiéndolo como iniciación cristiana para formar a nuestros catequistas, para generar unos criterios diocesanos de iniciación cristiana, para fortalecer la formación de nuestros agentes de pastoral, y un segundo derrotero que nos hemos propuesto desde el campo es crear y diseñar el Centro Diocesano de Espiritualidad Samaritana; esa es otra de las tareas desde el campo de Arraigo promover la espiritualidad Samaritana, inserto en la Escuela Diocesana del Discipulado Samaritano, vemos que es algo que le hace falta a la escuela; un organismo de formación espiritual, la escuela forma académicamente a los evangelizadores y la formación espiritual, da mayor identidad samaritana.

N.C: Si bien es cierto que la pastoral cambia en sus métodos y acciones ¿Cuál cree Usted que seria la forma de unificar criterios de implementación del Evangelio —que es uno solo—, en la realidad del hombre que, es tan diversa?

P.J.R: En la Diócesis de Engativá lo que unificaría los criterios es el Plan Pastoral Samaritano, es nuestro derrotero, es la forma en que nosotros leemos el Reino de Dios. Para nosotros el Reino de Dios es igual a La Ciudad de la Misericordia más Humana y más Fraterna,  al respecto, la incógnita está en cómo ir desplazando los intereses y las agendas individuales para que podamos tener una agenda única, ahí es donde está el derrotero y es donde hay que trabajar y fortalecer la acción pastoral en la Diócesis. El tema de la evangelización pasa por los evangelizadores,  esa es la lucha en nuestra Diócesis. No se trata de que todos hablemos igual, miremos igual y hagamos lo mismo, pero si de que tengamos métodos diferentes con los mismos criterios.

N.C: Existe entre los fieles un deseo de acercarse, conocer y comprender la palabra de Dios pero llega y encuentra agentes de pastoral que están apropiados de los procesos de formación —para los cuales los encargaron— y en lugar de incluirlos, por diversas razones los excluyen y terminan abandonando su intención. Para acabar de una vez por todas de acoger solamente “al que me cae bien” ¿Qué le diría Usted a esos agentes?

P.J.R: Hay que reconocer que no todos nuestros colaboradores son creyentes, hay algunos cuyas motivaciones no son el Evangelio, sino otras cosas; necesidades personales, vacíos afectivos, situaciones psicológicas que incluso marcan su comportamiento. Yo creería que habría que comenzar por  no suponer que los que participan son creyentes evangelizados, y a partir de ello, empezar la evangelización por los mismos grupos parroquiales, anunciando una buena noticia, por eso el tema de las pequeñas comunidades samaritanas y misioneras se plantea como una herramienta para que de allí, vayan brotando los ministerios y se evite esa exclusión. Por eso son las células vitales en donde se acoge a todo el que quiera llegar y se empieza un proceso de formación en la fe que, con el tiempo, si se mantiene en constancia y fidelidad a la palabra, irá dando frutos. Esto no es tan sencillo, no es tan rápido como se quisiera. Estamos acostumbrados a que las cosas den resultados inmediatos y así tampoco se puede hacer la pastoral.

Por ejemplo: se vinculan unas personas para ser lectores, les dan dos charlas y ya los ponen a leer, como si no fuera necesario un proceso de formación, una confrontación, un escrutinio, una adhesión a Jesucristo. Entonces resulta un abrupto por que no siempre los que llegan a ser lectores tienen una fe profunda, y otros llegan con una visión muy fantástica de la Iglesia, creen que la iglesia es una sociedad de ángeles y no. La iglesia es una sociedad de hombres y mujeres con pecados. Creo que habría que cambiar la dinámica, hacer menos énfasis en el tema de los grupos y meterle más fuerza al tema de las pequeñas comunidades samaritanas y misioneras como el fermento de esa ministerialidad que puede brotar de allí con criterios de inclusión.

N.C: “Evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse. A veces éstos se manifiestan en verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que parezca totalitario. Esto no perjudica sólo a la Iglesia, sino a la vida social en general. Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales” E.G No 61. ¿Cómo única verdad que salva, qué sería necesario para recuperar la identidad del Evangelio?

P.J.R: Me parece muy interesante la propuesta del Papa Francisco. Durante muchos años la Iglesia fue Madre y Maestra, tenía la verdad sobre el mundo, sobre el hombre, sobre la historia y digamos que esa actitud de la Iglesia la hizo entrar en confrontación con la cultura, la ciencia y con muchos otros sectores de la realidad. El Papa está invitándonos a entender que la Iglesia es Madre Misericordiosa, que es buena, tierna, que acoge, sana, incluye. No es solamente Maestra. Esto hace que se cambie el centro de gravedad de la evangelización, que ya no es tanto enseñar, como la Relación con el otro, evangelizar es Relación, no es solamente enseñar contenidos, verdades. A partir de la relación brota lo demás. El testimonio misericordioso; esto es lo que arrastra esa intuición del Papa. Es fantástica porque no se trata simplemente de poseer la verdad  y enseñarla a raja tabla, sino de saber qué hacemos con esa verdad que conocemos. Nosotros sabemos que Jesucristo es el Señor ¿y qué hacemos con esa verdad? ¿Vivimos su amor? ¿Su misericordia? ¿Somos generosos? O, esa verdad nos hace prepotentes y orgullosos. Creo que ahí es donde está la clave. Entender que la evangelización es una Relación y una Relación misericordiosa que implica abrirse, ir a “primeriar” como dice el Papa Francisco. Ir a las periferias, al encuentro del que sufre, del triste, del solo, del enfermo. Eso me parece  fundamental. No se trata de convalidar que el evangelio es la verdad total, pero si se trata de vivir de tal forma el evangelio que, la gente no encuentre contradicción en nosotros y entonces descubra la grandiosa verdad que allí habita. Es un dialogo, es una propuesta y creo que esas actitudes fanáticas y militantes de imponer la fe por decreto o a raja tabla tampoco convienen. Creo que es hacia esa actitud que nos invita el Papa Francisco, la que nos puede abrir un nuevo sendero de trabajo. Para esto se requiere humildad,  estudio, esfuerzo, porque se trata de entrar en relación, en diálogo con la cultura, para poder construir la ciudad de la misericordia más humana y más fraterna. No se trata simplemente de comunicar la verdad. Se trata de ayudar a llegar a esa verdad por medio de nuestras actitudes.

Señor Jesucristo te damos gracias por el Campo de Arraigo en Jesucristo Palabra de Vida, aumenta ahora un nuevo ardor por tu Palabra, para llevar a todos sin discriminación el Evangelio que da vida y salvación. Danos la santa audacia y tenacidad de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de tu luz que no se apaga y así seguir caminando al lado de mi hermano en la construcción de la ciudad de la misericordia, más humana y más fraterna.

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