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El arte de sanar las heridas

“Las personas no superan las situaciones dolorosas de la misma manera. Pero, sea de una forma u otra, para sobreponerse se necesita de Resilencia, una herramienta fundamental en el posconflicto”.

Me encontré en Publicaciones Semana (educación, edición No. 24) una reflexión que comparto con la esperanza de que pueda sernos de utilidad en el momento presente y en nuestra misión de pastores del Pueblo de Dios.

“Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Así define la Resiliencia la Real Academia Española (RAE). El término tiene su origen en el área de la Física: es la capacidad de un objeto de recibir un impacto o perturbación y volver a su forma original. “Este fenómeno físico sirvió de metáfora para el ser humano, que puede recibir el impacto de un trauma, no destruirse y seguir adelante”, sostiene el psiquiatra Jorge Barudy Labrin en su artículo “Tiempos de Resiliencia” publicado en El País de España.

Los expertos coinciden en que tener buenas relaciones con amigos y familiares es un factor clave para ser resiliente. La solidaridad, el arte, el humor y la espiritualidad también contribuyen, explica Barudy y añade: “Es poco probable que se desarrolle resiliencia en los miles de refugiados que se encuentran en las puertas de Europa: las imágenes conmovedoras de las mujeres, niños, muchos de ellos bebés, y ancianos refugiados sirios son ejemplos de contextos antiresilientes”. Es decir, si las condiciones no son propicias, si no hay personas que brinden su conocimiento, cariño, acompañamiento y apoyo a aquellos que han vivido situaciones traumáticas, es más difícil que desarrollen resiliencia.

En su libro Los patitos feos. La Resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, Boris Cyrulnik, un neurólogo francés y uno de los expertos más reconocidos en el tema, explica que esta competencia socioemocional se construye a partir del apoyo, la solidaridad y el cariño que se recibe de los seres queridos. De hecho, quienes perciben ese afecto en la primera infancia cuentan con una base más sólida para desarrollarla. También influye la participación de la persona en la sociedad y en la cultura en la que está inmersa, además de su habilidad para aprovechar la perspectiva que da el tiempo luego de que sucede un evento traumático y permitirse ver el dolor con otros ojos. Todas esas herramientas son fundamentales para superar las situaciones dolorosas. “Se trata de un proceso y un conjunto de fenómenos armonizados dentro de un contexto afectivo, social y cultural. La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes”, asegura.

Las personas víctimas de la guerra podrán desarrollar resiliencia si son integradas en la sociedad y se involucran en su lógica: participan en actividades culturales y artísticas, se les brinda educación y afecto y se lzzes da la seguridad de que no volverá a ocurrir lo que vivieron. Solo de esta forma recuperarán la confianza en sí mismos y en su entorno.

Otra de las fórmulas es mostrar que existen diferentes maneras de responder ante una situación adversa: “Uno no le puede decir a un niño “deje de ser violento” si no le brinda otra opción, porque si le enseñaron a ser violento desde pequeño, va a serlo. Hay que darle alternativas para que pueda decir por ejemplo, “con esta persona con la que me relacioné no logré resolver nuestras diferencias a partir de la violencia, sino a través del diálogo, de la empatía”.

Los niños que salen de un escenario de guerra deben ir a una escuela y allí es importante que aprendan a reconocer sus emociones y a relacionarse con sus compañeros. “Pueden afrontar sus dificultades al reconocer su dolor y sufrimiento y al compartir sus emociones con los otros, con su familia, con los amigos, con los compañeros”. La resiliencia, es el principal factor sobre el cual se debe trabajar en las personas afectadas por el conflicto, ya que permite determinar si pueden salir adelante o no y cuáles son los recursos internos, familiares y sociales que necesitan para avanzar.

La resiliencia es importante en el posconflicto porque se pueden presentar fenómenos como el microtráfico, la violencia intrafamiliar, el pandillismo, entre otras, que deben ser prevenidos y atendidos. En este sentido la resiliencia busca encontrar los caminos necesarios para superar estas situaciones adversas y para tratar de volver a encontrar senderos y causas comunes que puedan empezar a mover los territorios hacia la vía de crecimiento en distintos sentidos, tanto económicos como sociales.
Nueve pasos para desarrollar resiliencia:

  1. No hay que ver las crisis como obstáculos insuperables.
  2. Creer que en un futuro el panorama puede cambiar.
  3. Trazarse metas realistas y llevarlas a cabo.
  4. Tener un buen concepto de uno mismo y confiar en los demás.
  5. Tener habilidades para la comunicación y la solución de problemas.
  6. Tener la capacidad de controlar sentimientos e impulsos fuertes.
  7. Enfrentar los problemas en vez de negarlos.
  8. Permitirse experimentar emociones fuertes.
  9. Reconocer cuándo hay que superar las emociones dolorosas para seguir funcionando.

P. Fernando Mayorga Cruz
— Rector Escuela Diocesana —

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