El Año Litúrgico

El Año Litúrgico es el periodo de tiempo comprendido por 52 semanas a lo largo de las cuales la Iglesia conmemora el acontecimiento central de nuestra fe, es decir, la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Estas 52 semanas, de las cuales se compone también un año civil normal, a diferencia del año civil, no inicia el 1 de enero para concluir el 31 de diciembre, no. El Año Litúrgico comienza con el “I Domingo de Adviento” y culmina con la Fiesta de “Cristo Rey”, también conocida como “Fiesta de Jesucristo, Rey del Universo”.

Estructura

Para poder determinar cómo es que la Iglesia ordena la organización de este Año Litúrgico, debemos comprender en primera instancia, que el Año se compone de Tiempos Fuertes y Tiempo Ordinario. Los Tiempos Fuertes, son los que conocemos como: Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, el resto del Año es conocido como Tiempo Ordinario. La Iglesia, pues, para organizar el calendario litúrgico comienza teniendo en cuenta la celebración principal de los católicos, que es el Domingo de Pascua o de Resurrección. Algunos todavía piensan que la conmemoración más importante es la Navidad, pero no es así. Es importante tener en cuenta que para la Iglesia Católica no existe una celebración más importante que la de la Pascua de Resurrección, pues es justamente este acontecimiento el que da sentido a nuestra fe.

¿Cómo se sabe cuál es el domingo de Pascua?

Para no complicar las cosas, la Iglesia ha determinado tomar como domingo principal del Año aquel que coincida con la luna llena del equinoccio de primavera. Esto tiene un sentido simbólico, ya que como no se puede establecer con exactitud la fecha concreta de la Resurrección de Cristo – pues es un acontecimiento que está fuera de cualquier comprensión de lugar y tiempo – el equinoccio de primavera ha sido elegido teniendo en cuenta que: La primavera es la estación del año que significativamente muestra el florecer de la vida, y la luna llena del equinoccio de esta época del año nos indica que la luz plena de Cristo ilumina a la humanidad tanto de día como de noche de manera equitativa. Así las cosas, el domingo de Pascua resulta un día movible cada año, pues todo depende de las fases lunares, ello nos lleva a pensar de todas formas que dicha fecha oscila entre el 22 de marzo y el 25 de abril, aproximadamente.

El resto del Año Litúrgico

Una vez que se ha determinado la fecha exacta del domingo de Pascua, según los datos anteriores, se cuentan tres días hacia atrás para establecer el llamado Triduo Pascual, es decir, que el Jueves, Viernes y Sábado anterior se conmemora la celebración previa a la Resurrección, en otras palabras, la Pasión y muerte de Nuestro Señor. Hecha esta salvedad, se determina el domingo anterior al de Pascua como el domingo de Ramos o de “la Pasión del Señor”, que da inicio a la Semana Santa también conocida como Semana Mayor. A partir de este domingo de Ramos, se cuentan 40 días hacia atrás, ello determina el miércoles de ceniza, fecha con la cual inicia el tiempo de Cuaresma (por eso los 40 días), para vivir durante ese tiempo un periodo de preparación para conmemorar el acontecimiento central de nuestra fe. Volviendo al domingo de Pascua, se cuentan 50 días hacia adelante, para determinar lo que conocemos como la “Cincuentena Pascual” o Tiempo de Pascua, periodo que concluye con la Fiesta de Pentecostés, en la que se celebra el nacimiento de la Iglesia.

Ejemplifiquemos con un gráfico nuestros primeros tiempos fuertes:

Hasta aquí, hemos explicado los Tiempos Fuertes de Cuaresma, Semana Santa y Pascua. Faltan ahora el Tiempo de Adviento y Navidad. Pues bien, a diferencia de la Pascua, la Navidad sí tiene una fecha que se ha establecido como inamovible, y es el 25 de diciembre.

Sin haber determinado específicamente cuál es la fecha exacta del Nacimiento de Jesús, la Tradición junto con el Magisterio de la Iglesia determinó que se celebrase el 25 de diciembre, algunos historiadores piensan que por decisión del papa Julio I, ya que en el Imperio Romano tenían por costumbre celebrar la fiesta de Saturno que llegaba a su plenitud en la semana del solsticio, el 25 de diciembre, que era la fecha principal. Para conseguir la conversión de los romanos, por ello se usó esta fecha para declarar en ella el Nacimiento de Jesús.

Teniendo en cuenta esta fecha, los 4 domingos anteriores a ella se establece el periodo de Adviento, es decir, el tiempo de la espera de la llegada del Mesías, del Salvador y Redentor.

Por ese motivo, el I domingo de Adviento es el inicio del Año Litúrgico, por tratarse del comienzo de la espera del Redentor. En latín: “Adventus Redemptoris” = “Venida del Redentor”.

Acto seguido, el 6 de enero se conmemora la Epifanía de Nuestro Señor, es decir, la manifestación de Dios encarnado al resto de la humanidad, judía y no judía, representada en los pastores de Belén y en los Magos venidos de Oriente. Concluida la Epifanía, el domingo siguiente se celebra el Bautismo del Señor, con el cual concluye esta primera etapa de Tiempos Fuertes y al día siguiente comienza el Tiempo Ordinario en su primera etapa.

Observemos esta estructura en un gráfico:


El Tiempo Ordinario

Después de observar los tiempos fuertes: Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua, determinemos los dos espacios del Año Litúrgico en los cuales se comprende el Tiempo Ordinario. El primer espacio de este Tiempo Ordinario en el Año Litúrgico, va desde el día posterior al Bautismo del Señor, hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza. El segundo espacio del Tiempo Ordinario, se encuentra entre el lunes posterior al domingo de Pentecostés y la Fiesta de Cristo Rey con la que concluye el Año Litúrgico. En un esquema observemos, después de haber comprendido los dos esquemas anteriores:

EL ADVIENTO

Tal como ya se mencionó, es la primera etapa del Año Litúrgico. Ya vimos que no comienza el 1 de enero, como ocurre con el Año Civil, sino con el cuarto domingo que precede a la Navidad, que, por lo general, corresponde al último domingo de noviembre o al primer domingo de diciembre, depende en qué día del año cae el 25 de diciembre, es decir, el tiempo del Adviento y su organización, dependen de la fecha del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
La palabra “Adviento” proviene del latín “Adventus” que significa Venida, esto indica que el tiempo de adviento es el tiempo de espera de la Venida de Nuestro Salvador. Está integrada por 4 semanas contadas de domingo a sábado; cabe aclarar que litúrgicamente hablando, la semana no inicia el día lunes, sino el día domingo, pues “el primer día de la semana” fue el día de la Resurrección, es, por ende, el domingo, el día del Señor.

P. Wilson Zuloaga Niño

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