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Día mundial de la salud

PARA REFLEXIONAR:

El sufrimiento y la enfermedad existen; son realidades y limitaciones que golpean a la persona en lo profundo de su ser. Están presentes en nuestros hogares, en nuestra parroquia, en  nuestros hospitales, en las calles de nuestra ciudad, en el mundo. Pasamos por la vida sin darnos cuenta que gran parte de estos sufrimientos son ocasionados por nuestras actitudes de injusticia, egoísmo, falta de amor y de solidaridad. Hace falta detenerse. No pasar de largo…

Es establecer una manera nueva de relacionarnos con nuestros hermanos, con las cosas, con la naturaleza; es luchar por combatir la enfermedad no sólo desde la ciencia sino desde el amor, ayudando a la persona a vivir su situación con sentido y esperanza.

Es interesarnos por el que sufre, dándonos cuenta de su situación concreta para responder de manera adecuada a sus necesidades, a veces materiales, de escucha, compañía, una palabra de consuelo, un apretón de manos, una sonrisa que infunda esperanza, una oración que recupere confianza y serenidad.

Es detenernos ante el que sufre, siendo educadores en la sensibilidad, en la paciencia, en la aceptación serena del dolor. Los enfermos nos ayudan a descubrir el valor de lo pequeño y sencillo, de lo fundamental en la vida.

Es un reto y una necesidad en una sociedad enferma, que se desangra y pide solidaridad.

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