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Comunión en el presbiterio

Uno de los puntos de insistencia de Monseñor Francisco Antonio Nieto Súa desde el día de su posesión y en repetidos encuentro hace referencia es la comunión en el presbiterio, el ser signos de ésta en todos los actos que realizamos, en la asistencia a las celebraciones litúrgicas, los espacios de formación permanente, las diferentes reuniones como el encuentro del clero, arciprestazgos, la fraternidad sacerdotal, la participación activa dentro del Plan pastoral Samaritano, etc. Por esta razón he querido tomar algunos apartes del Directorio para la vida de los presbíteros que nos ayuden a profundizar en la razón de ser de nuestro ministerio dentro de la Iglesia diocesana y sigamos encontrando motivos para fortalecer la comunión.

En virtud del sacramento del Orden «cada sacerdote está unido a los demás miembros del presbiterio por particulares vínculos de caridad apostólica, de ministerio y de fraternidad» [132]. El presbítero está unido al Ordo Presbyterorum: así se constituye una unidad, que puede considerarse como verdadera familia, en la que los vínculos no proceden de la carne o de la sangre sino de la gracia del Orden [133].

Fraternidad sacerdotal y la pertenencia al presbiterio son elementos característicos del sacerdote. Con respecto a esto, es particularmente significativo el rito que se realiza en la ordenación presbiteral de la imposición de las manos por parte del Obispo, en el cual toman parte todos los presbíteros presentes para indicar, por una parte, la participación en el mismo grado del ministerio, y por otra, que el sacerdote no puede actuar solo, sino siempre dentro del presbiterio, como hermano de todos aquellos que lo constituyen [136].

Para tal propósito, no hay que olvidar que los sacerdotes seculares no incardinados en la Diócesis y los sacerdotes miembros de un Instituto religioso o de una Sociedad de vida apostólica —que viven en la Diócesis y ejercitan, para su bien, algún oficio— aunque estén sometidos a sus legítimos Ordinarios, pertenecen con pleno o con distinto título al presbiterio de esa Diócesis [141] donde «tienen voz, tanto activa como pasiva, para constituir el consejo presbiteral» [142]. Los sacerdotes religiosos, en particular, con unidad de fuerzas, comparten la solicitud pastoral ofreciendo el contributo de carismas específicos y «estimulando con su presencia a la Iglesia particular para que viva más intensamente su apertura universal» [143].

Queridos hermanos en el presbiterio, permitamos que la misericordia sea expresión de nuestra comunión, acojamos a quienes con solicitud vienen a ejercer su ministerio en medio de nosotros y hagamos que nuestros vínculos arraigados desde el día de nuestra ordenación continúen fortaleciéndose a través de la oración y de actitudes fraternales misericordiosas.

P. Luis Eduardo Sánchez Moreno
— Vicario de Pastoral —

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