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Carta Pastoral, 29 de marzo de 2018

A los queridos presbíteros, religiosos y religiosas, diáconos permanentes y en tránsito, agentes pastorales, fieles cristianos, hombres y mujeres de buena voluntad en la Diócesis de Engativá.

Recoger, agradecer y proyectar

El tiempo que estamos viviendo nos permite ver ya el sol sobre los sembrados, es la hora de recoger. Usamos esta figura que nos evoca el campo para referirnos a la gran ciudad, ello nos recuerda que la tierra campesina forjó lo que hoy tenemos como mundo urbano. También así alimentamos la gratitud que los urbanitas le debemos a nuestros abnegados campesinos.

Recogemos los frutos de lo sembrado durante estos 15 años de historia apostólica de nuestra Iglesia diocesana. La siembra comenzó bajo la luz del Espíritu Divino, cuando inspiró en el corazón de la Iglesia Madre de Bogotá la ruta samaritana de la Misericordia que hasta hoy hemos seguido.

Es el momento de agradecer y de valorar a fondo los procesos que hemos sostenido en el esclarecimiento de nuestro horizonte pastoral. Ante todo, hemos de dar gracias por el mismo tiempo que hemos tenido para llevar a cabo las muchas acciones que se han realizado. Gracias al tiempo empleado, podemos decir con el Papa Francisco: “Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos en la sociedad e involucran a otras personas y grupos que los desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad” (Evangelii Gaudium, 223).

Hoy quiero dar gracias al Dios de la Vida por su bondad en estos caminos construidos e invitarles a todos ustedes, pueblo santo y profético, a unirse de corazón a esta gratitud. Nos aguardan horas nuevas para seguir comprometiéndonos, dando frutos de humanidad y de amor fraterno y social, en la construcción de una sociedad más justa y en paz.

El gozo de nuestro Plan Pastoral Samaritano

Es también motivo de acción de gracias la originalidad de nuestro Plan Pastoral Samaritano. Movidos por el Espíritu hemos puesto como fundamento de toda acción evangelizadora en la diócesis el Principio Compasión Misericordia. Esta es nuestra espiritualidad, nuestra más honda identidad, el soporte de nuestro estilo de vida en el seguimiento y vivencia del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

El escenario en el cual nos esforzamos por vivir esta espiritualidad emanada de la parábola del Buen Samaritano, es la compleja y diversa cultura urbana. Por eso estamos haciendo esfuerzos por formarnos todos en un adecuado y bien asimilado discipulado misionero que nos permita dar respuestas claras y convincentes, a los desafíos que la ciudad nos presenta.

Estos retos pastorales no los vemos negativos, al contrario, los asumimos como expresión de los clamores humanos de la periferia existencial de tantos hermanos nuestros, que es la voz de sus necesidades más sentidas de acogida, de afectividad, de acompañamiento y solidaridad y, con mayor razón, en la época que vive el país, de curación, sanación y liberación de tantas heridas.

Anhelamos que nuestras pequeñas comunidades samaritanas y misioneras sean espacio privilegiado y vital, para nutrir la acción evangelizadora de nuestra Iglesia. Ello no excluye otros escenarios de evangelización que demandan de nuestra parte una presencia activa y testimonial. Con todo, las pequeñas comunidades van evolucionando en su estilo de vida cristiana, hasta llegar a ser un referente evangélico, fraterno, profético y ético, para todas las formas posibles de organización de la sociedad.

En medio de tantos desafíos pastorales que nos plantean los diversos niveles de nuestro plan pastoral, acogemos como moción de espíritu, intensificar nuestro trabajo en la familia y en la Pastoral Vocacional. El Señor empieza a multiplicar los frutos.

Con apertura al Espíritu de Dios, sistematizamos nuestro plan

A la altura de estos 15 años de historia compartida, tenemos la oportunidad de sistematizar el trayecto recorrido. Esto quiere decir: recoger las experiencias vividas, evaluarlas, mejorarlas y, con base en ellas, seguir proyectando nuestra misión de construir la Ciudad de la Misericordia, como recinto de justicia, reconciliación, perdón y paz, que es vivir el Reino de Dios, como Buena Noticia para todos.

Por esto es necesario profundizar el significado y el sentido de la Espiritualidad Samaritana que nos identifica. Así, sistematizar el Plan Pastoral es principalmente, apropiarnos de nuestra espiritualidad, vivir en el Espíritu del Señor, llevando a cabo en nuestras personas y para el servicio de los demás, la Misericordia que da vida y dignifica.

Por estas razones los motivo a tener un compromiso cada vez mayor de pensar juntos la mejor manera de encaminar nuestro Plan Pastoral de cara a la nueva época que nos llega, como gracia de Dios, a partir de estos 15 años de historia cumplida. Hemos venido dando pasos certeros en este sentido y este año seguiremos dando otros más, en los que será muy importante la participación de toda la Iglesia diocesana.

Sentido pascual de nuestros 15 años

Es un gozo indefinible poder dirigirles estas palabras a todos en el corazón mismo de la Pascua de Resurrección, fundamento de nuestra fe. Pues vivir el acontecimiento pascual es proclamar la Vida Abundante, colmada de Dignidad, que Jesús Resucitado nos trae. Y en este sentido, nuestra historia como Iglesia Particular de Engativá, ha sido una permanente emanación de vida, de alegría y compromiso misionero.

Anhelo con todo mi corazón, que estos días pascuales sean para nosotros el ensanchamiento del horizonte de luz de nuestro Plan Pastoral Samaritano. Una luz vivificada que nos indique las nuevas rutas a seguir en este empeño por impregnar de Misericordia la humanidad de nuestra ciudad.

Esta acción de gracias se eleva en consecuencia, desde nuestras realidades urbanas y rurales, hacia la creación entera, que alberga todas las formas de vida que amamos y en adelante, deseamos cuidar y respetar. Nos convoca a una comunión espiritual y fraternal con todas las creaturas y culturas que conforman la inmensidad de nuestro territorio diocesano, haciéndonos a todos gestores, cuidadores y defensores de la vida como don divino que nos ha sido dado.

Nueva época en nuestro caminar

El detenernos por estos días y contemplar las rutas caminadas, incentiva nuestra oración agradecida y nos ayuda a comprender con mayor lucidez lo que hemos hecho. Así prolongamos nuestros procesos y preparamos una buena actitud de cara a la novedad que viene.

Esta es nuestra alegría, la de ser depositarios y anunciadores del Evangelio del Reino. Es una alegría misionera que nos lleva a ubicar nuestras nuevas rutas constructoras de la Ciudad de la Misericordia, delante del viento del Espíritu.

Esto nos hace de inmediato creativos, capaces de abrazar lo nuevo, porque los rumbos del Espíritu siempre son nuevos. Esta es nuestra fuerza para seguir caminando.

Los convoco a todos a recibir este tiempo nuevo como un regalo de la Providencia Divina para nuestra diócesis. Necesitamos las mentes y los corazones, las manos y los pies, de los felices mensajeros de la novedad de la Paz anclada en la Justicia y en la fraternidad.

Daremos concreción a todos estos sentidos en el marco de la fiesta. Desde ya estamos de fiesta. Por eso tendremos una amplia y nutrida participación durante estos meses en todo lo que nos congrega y fortalece nuestros vínculos fraternales y misioneros.

De tal manera que, hechos los caminos preparatorios, celebraremos del 4 al 7 de agosto el gran núcleo festivo de nuestros 15 años, como ha sido organizado y publicado en el programa a seguir.

A todos los fieles laicos, con especial énfasis a los agentes pastorales, me dirijo de corazón para que este año sea un verdadero Kairós y participemos con generosa disponibilidad.

Reciban mi bendición apostólica y mejores deseos por su bienestar.

Francisco Antonio Nieto Súa
— Obispo Diócesis de Engativá —

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